Por qué los astronautas del Artemis II no pisaron la Luna: este es el plan de la NASA a futuro
La misión norteamericana concluyó su etapa de sobrevuelo con éxito sin efectuar el alunizaje programado; ahora, la NASA prepara las fases decisivas para el retorno humano a la superficie en 2028
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Mientras la nave Orión emprende su retorno a la Tierra, la misión Artemis II se consolida como un hito de preparación técnica sin precedentes. Los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor J. Glover y Jeremy Hansen finalizaron sus maniobras en el espacio profundo; sin embargo, el hecho de que no hayan pisado la superficie lunar fue el foco de atención global. La respuesta es precisa: la misión fue diseñada exclusivamente como una fase de validación de sistemas y observación. Los astronautas, los primeros humanos en más de 50 años en ver la cara oculta de la Luna, dedicaron su tiempo a testear la tecnología que permitirá alunizajes seguros en el futuro.
Desde el lanzamiento hasta la actualidad, el objetivo principal fue la preparación. Según la NASA, Artemis II sirvió para ejecutar maniobras complejas necesarias para Artemis III y IV. A diferencia del programa Apolo, que operó bajo una estructura estatal centralizada, Artemis funciona mediante asociaciones público-privadas con gigantes como SpaceX y Blue Origin. La integración de estas tecnologías, junto con los aprendizajes del cancelado programa Constellation, marca una diferencia fundamental respecto a la era de 1969. Como explicó Domenico Vicinanza en The Conversation, la exploración sostenible actual depende de un compromiso político estable y financiación predecible, elementos que permitieron que el programa Artemis fuera una realidad desde 2017 con un costo de 93.000 millones de dólares.
El alunizaje, que la agencia espacial proyecta para al menos 2028, es un objetivo ambicioso. Rebecca Morelle, editora de ciencia de la BBC, señaló que la complejidad radica en la construcción del módulo de aterrizaje y los trajes espaciales. Este retraso es estratégico: la NASA busca un despliegue seguro en el polo sur lunar, una región de alto valor científico y económico por sus recursos como agua y metales. Este interés coincide con la competencia geopolítica con China, cuya misión tripulada hacia el polo sur está prevista para 2030. Aunque el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 impide la propiedad privada de la Luna, la presencia física otorga un control de facto sobre su utilización. Por ello, la exploración ya no se limita a una carrera, sino a la creación de una infraestructura permanente, que incluirá una estación espacial lunar en órbita y una base sobre el suelo satelital.
Durante estos días de viaje, la tripulación logró visualizar cráteres y flujos de lava en la cara oculta, aportando datos geológicos fundamentales. A pesar de los atrasos técnicos que pospusieron la misión originalmente planeada para 2024, el regreso de Orión marca la antesala de la expansión humana hacia Marte. Con el aprendizaje técnico obtenido y la mirada puesta en los recursos lunares, la NASA avanza hacia una nueva etapa donde la potencia tecnológica actual, superando la de 1969, promete una estancia prolongada. La humanidad, tras este pequeño salto, se prepara para el desafío definitivo de habitar el satélite.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
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