Beltrán Briones: “Tuve un proceso metódico, no saqué un conejo de la galera”
El influencer, que suma seguidores en conferencias y entrevistas, asegura que las redes son “un medio para alcanzar un fin”
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A sus 26 años, el desarrollador inmobiliario que en 2025 se volvió viral, Beltrán Briones, se animó a ir más allá de las redes -su hábitat natural, donde habla de todo- y desembarcó en el mundo editorial con su primer libro, El método Briones (Penguin). Allí da las claves para promocionar y vender cualquier cosa, basadas en su experiencia en real estate y también en su desarrollo de las redes sociales, enfocadas en el negocio.
“No soy más inteligente que el promedio; no soy más capaz, no soy más talentoso, no soy más culto, no soy más creativo y no tengo muchas mejores conexiones que la mayoría de las personas de mi entorno… Si hago lo mismo que los demás, voy a conseguir resultados muy similares y, en realidad, quiero resultados superiores”, se sincera el también creador y conductor del podcast El Club del Ladrillo en uno de los capítulos de su libro, suerte de manual para emprendedores, profesionales y empresarios.
“No puedo aumentar mi capacidad, pero hay algo que sí puedo aumentar y es la cantidad de mis acciones y movimientos”, continúa en una explicación que es la respuesta a su omnipresencia virtual. “Si lo normal era subir dos videos por día, empecé a subir 20. Si todos iban a trabajar 5 horas por día, yo intentaba trabajar 12. Si se contactaba un cliente por día, yo empecé a contactar entre 5 y 10. En la medida que podía, aumentaba las cantidades de todo lo que hacía”. Con una gran facilidad de comunicar, su palabra es escuchada y genera conversación cuando se anima a tocar todo tipo de temas. Para los más jóvenes es casi un gurú y lo escuchan también en persona, en charlas, conferencias y entrevistas.
Beltrán es socio de Grupo Briones, la desarrolladora que creó junto a su padre Iván. Abarcan de punta a punta el negocio, desde el desarrollo hasta la comercialización de proyectos residenciales. Su alrededor de metro noventa se desplaza por sus oficinas con vista a la 9 de Julio, en pleno barrio de Retiro, casi en el límite con Recoleta. Barrios que, según Briones, perdieron frente al avance de Saavedra y Núñez. “Estamos en zona de palacios y acá es donde se ubica el Grupo Briones para hacer grande a esta zona otra vez”, decía con humor en febrero en sus redes. “Yo creo que esta zona está reviviendo”, remataba.
-Tu oficina no está ni en Saavedra ni en Núñez.
-Ay, busqué por allá. Esto tiene 380 metros. No hay todavía oficinas de ese tamaño, son más chicas. Esta zona lo que tenía de malo eran los piquetes. Ahora no hay piquetes y ojalá se mantenga así en el tiempo.
-También vivís en Recoleta.
-Hoy por hoy el mejor barrio para alquilar probablemente sea Recoleta. Por el precio. Está muy barato, no deja de estar muy bien ubicado. Yo vivo al lado de mi oficina, pero alquilo. Una compra sería otra historia. Yo por ahí compro en un lugar donde no viviría. Por ejemplo, a mí me parece que Saavedra es, hoy por hoy, para comprar, uno de los mejores barrios que de acá a quince años va a ser el que más sube. Ahora, ¿yo viviría en Saavedra hoy? ¿Con la oficina donde está? No, no puedo.
-¿Cuáles son tus funciones en Grupo Briones además del marketing?
-Estoy involucrado en la compra de terrenos, en la negociación, en encontrar el lote, negociar forma de pago, analizar si es un negocio no viable. Otra función es juntarme con inversores y levantar capital para financiar los proyectos. También, cada vez me involucro más en buscar talento. Y después en el management, el día a día acá: solucionar una bombita, el banco no da bola, llamar al banco. Es un poco de todo, pero es una pyme con treinta empleados.
-Tenés un perfil de comunicación muy marcado. ¿Te reconocés como influencer inmobiliario?
-La verdad que nunca me definí a mí mismo como influencer.
-¿Nunca lo buscaste?
-No, soy desarrollador. Ahora, este tema de las redes sociales y la mega comunicación y mega exposición, me ayuda a ser mejor desarrollador. Vos me sacás el desarrollo inmobiliario y yo no aparezco más en las redes. Es un medio para alcanzar un fin.
-¿Qué publicabas hace unos años atrás en redes?
-Muy poco. Subía, algo con amigos, vacaciones con mi novia.
-Ahora abrís el abanico. Mostrás a tu novia, a tus amigos, a tu familia. ¿No te da miedo exponerte tanto?
-Sí, es uno de los costos de la elección que tomé de la mega súper exposición. También está que nunca me fue tan fácil levantar capital. Todo el mundo quiere laburar con nosotros, me llegan los mejores lotes, las empresas constructoras quieren laburar conmigo. Entonces es injusto decir, che, pero es una cagada que todo el mundo sepa quién sos y qué pensás. A mí la balanza me da positivo todavía.
-¿El objetivo es darte a conocer de una manera transparente?
-Sí, me muestro como soy. Las mentiras tienen patas cortas. Si te digo las mejores camisas son rosas y todos los días me ves con una camisa celeste, ¿qué me estás diciendo? Entonces yo no intento mostrar lo que no soy. Eso cae bien y cae mal, obviamente.
Beltrán pasó su infancia en Buenos Aires hasta que, por razones de trabajo de su padre, la familia se mudó a Sudáfrica durante unos años. A la vuelta, terminó la secundaria en Buenos Aires. Después llegó un año de Finanzas en la Ucema hasta que en segundo año comenzó a trabajar “para probar”. La experiencia le resultó tan buena que se jugó por el trabajo full time y dejó la universidad.
-¿Sos muy disciplinado naturalmente?
-Siempre fui bastante disciplinado. Soy constante. Pero ahí en Sudáfrica era distinto. Acá el argentino es muy inteligente, muy perspicaz, muy vivo. Allá lo que se apreciaba era el que es constante, el que siempre está en lo correcto, el que siempre da la cara, el que llega a tiempo y forma. Es una disciplina que creo que me dio.
-¿Te pone un techo no tener un título universitario, ahora o a largo plazo?
-En el mundo de las pymes, que es en el que me muevo, nadie jamás en su vida te va a preguntar qué estudiaste. En el mundo de las corporaciones es fundamental y te va a poner un techo. Los proveedores de materiales de corralones son tipos con mucha guita… En la pyme tu track record es qué tan grande es tu empresa y cómo te fue.
-¿Un paso por una “corpo” te hubiera aportado algo de experiencia?
-Definitivamente me hubiese aportado algo de experiencia en el mundo corporativo, cosa que yo no tengo, y me hubiese servido mucho para sacar ideas. Pero también me hubiese quitado un año de experiencia laboral en una pyme. Para mí un año de experiencia laboral en una pyme son diez años de experiencia laboral en un corpo. Entonces no lo hubiese hecho.
-En tu libro decís que no le podés caer bien a todo el mundo. ¿Tenés algún límite en los contenidos que subís?
-Hay cosas que es al pedo opinar porque no me acercan a mi fin. Yo, a la hora de decidir hacer o no algo, lo que siempre me pregunto es cuál es mi propósito. La respuesta a esa pregunta es ventas, mayor cantidad de consultas o mayor cantidad de terrenos. Y elijo lo más cercano a mi propósito. Hago videos de lo que me parece más o menos relevante relacionado a mi rubro. Ahora, no sé, voy y me compro una vela y no hago un video. No tiene sentido.
-Se te ve hablando de autos, de otros temas que no son los tuyos…
-Sí, pero por ahí eso lo hacés en otro contexto. Yo creo que las personas, más que invertir en una empresa como puede ser la mía, invierten en individuos. Yo confío en Beltrán, invierto con Beltrán. Yo me considero una persona honesta. No estoy acá para currar o ganar plata de forma ilegal. Entonces, cuanto más me conozca la gente, mejor. Todo mi grupo de amigos me conoce desde que soy chico, y todos ponen las manos en el fuego por mí. Mi lógica es, si yo logro que todo el mundo me conozca realmente, van a poner las manos en el fuego por mí. Entonces me decís, ¿por qué hablás de autos si sos desarrollador? Yo doy mi opinión de los autos, y la gente entiende que a mí me encanta el Toyota Corolla, porque me parece confiable y no me interesa tener un auto de lujo. Y mucha gente dice, uh, yo pienso como el pibe. Y genera afinidad.
Barrios, ventas, inversiones, costos y también ropa, formas de hablar… A todos los temas se les anima Beltrán y el que no lo escucha en Instagram, lo hace en Facebook, TikTok, YouTube, Spotify, Linkedin, página web, email marketing y estado de WhatsApp. A Twitter y Snapchat los usaba, pero los abandonó.
-¿Cómo te alcanzan las horas?
-Yo lo calculé: paso, más o menos por día, una hora y media frente a una cámara. O sea, esto (la entrevista) lo considero parte, esto durará una hora, no sé. Después a la noche tengo una hora con mis amigos. Son dos horas. Yo, en vez de ver un capítulo de una serie en Netflix pongo la cara frente a una cámara una hora.
-¿El contenido lo decidís vos?
-Sí. Hago mucho contenido improvisado. Que vos por ahí me preguntás, Beltrán, ¿qué opinás de la mesa? Improviso lo que yo opino. Y después, una vez por semana, analizo qué contenido funcionó. La semana siguiente a la hora de improvisar, improviso, pero yo sé qué funcionó en el pasado. Entonces, me inclino a esos contenidos, a ese formato, o a repetir lo mismo.

-¿Te considerás soft o hard?
-Hard. Totalmente. No hay mucha casualidad en lo que yo hago.
-Está claro que sos hard porque analizás todo y lo contás muy claramente en el libro. Pero sos muy creativo.
-Para mí, no. Yo creo que soy muy práctico. Por ahí decís qué ingenio el de Beltrán para crear tal video, para hablar de tal tema. Pero, ¿qué hizo Beltrán antes? Trescientos videos, de los cuales funcionaron tres, y luego los tres que funcionaron los repetí una y otra y otra vez. Tuve un proceso metódico para que se me ocurra. No es que saqué un conejo de la galera. De hecho, de la gran mayoría de videos que subo, le debe ir bien al 1 o 2%. Pero nadie se entera de eso, porque nunca lo ven. A los que les va mal, las redes sociales no te los muestran. Entonces, dicen “este pibe es un genio”. Pero, en verdad, no soy un genio.
-En el proceso de ventas decís que está bien insistir. Pero, ¿no hay un límite en el que terminás ahuyentando al cliente?
-Definitivamente pasa.
-¿Y cuál es el límite que no hay que cruzar?
-Yo te hablo, no me contestás. Te hablo de vuelta, no me contestás. Te hablo de vuelta y me bloqueás. Mi lógica es pensar que probablemente no me ibas a comprar, que me hiciste el favor de bloquearme. Continúo con el siguiente. Entonces, prefiero pecar de sobre alcanzar y sobre comunicar. Y que, de última, el otro me corte el rostro. No me ofendo. “Beltrán es un pesado” es casi un elogio. Y prefiero eso a vivir con la duda de, si la contactaba una vez más, me iba a comprar. El ingreso que nunca logramos es la mayor pérdida para la empresa.
A Beltrán le gusta hacer ruido, no le teme al debate y puso en agenda el tema de la Villa 31, que no para de crecer sin control en una de las zonas más cotizadas de la Ciudad. Así abrió la conversación de un tema del que no se hablaba. “Para mí hay tres opciones. Una: hay diez mil familias, les doy cien mil dólares a cada familia a cambio de que me dejen construir un millón de metros cuadrados y eso me da una incidencia de mil dólares por metro. Negoción redondo para todos. Ellos con la guita hacen lo que quieren. La segunda opción es darles un título de propiedad y el mercado solo les va a ir comprando y los va a ir sacando de esa zona. La tercera opción es construirles casas. Se las construyo yo junto con otros desarrolladores, en el sur de la Ciudad o en alguna zona de la provincia que necesite ser poblada. Y, a cambio, me dan esa tierra para que yo desarrolle. Y a la gente le doy casas que construimos los desarrolladores más grandes de la Ciudad”, detalla en redes. Aclara que es su punto de vista y que la gente se vuelve loca.
-Hay terrenos que son de Ciudad y hay terrenos que son de Nación…
-Por el tren... Eso siempre fue lo que decían que era el problema. Yo sostengo que el problema no es ese. Yo creo que el problema es que no le es lo suficientemente redituable al político de turno hacer algo al respecto. Entonces, si yo hago que el político vea que haciendo eso va a tener buena imagen, él va a encontrar la solución. No la tengo que encontrar yo, a él se le va a ocurrir, solito y mágicamente.

-¿En la práctica se podría llevar adelante ordenadamente un plan del estilo del tuyo, sin que se desmadre?
-Totalmente. Si se hace mi proyecto de la villa, Retiro y Recoleta pasan a ser los barrios más caros de toda la Ciudad de Buenos Aires.
-¿Puerto Madero es grasa?
-Yo soy medio tribunero con esas declaraciones, pero sí. Si me apuras, te digo que sí. Te digo que Nordelta también. Y te digo que lo más paquete es Recoleta y San Isidro. Pero bueno, es parte del folclore porteño.
-Le ponés muchas fichas a Núñez, pero hay gente que se mudó allí y se queja de los partidos de fútbol.
-Sí, Núñez cerca de Libertador es una pesadilla. De hecho, Núñez es de los pocos barrios donde la gente prefiere no vivir sobre Libertador. Porque cuando juega River o cuando hay un recital de música, se te arma un quilombo bárbaro. Lo ideal es entre Libertador y Cabildo. Porque ahora donde estaba el Tiro Federal van a hacer un montón de desarrollos y universidades. Entonces va a haber una sobrepoblación y un quilombo tremendo.
-Pero ahí faltan medios de transporte.
-Falta todo. Es recontra trasmano. Se va a saturar. Ahí se va a desarrollar el nuevo polo laboral de la Ciudad de Buenos Aires que se está trasladando al bajo Belgrano, Núñez y Vicente López. Y si se traslada ahí, vos querés vivir no en el ojo de la tormenta, pero cerca. Belgrano es una buena opción, pero está caro. Es el tercer barrio más caro de CABA. O cuarto hoy. Núñez está muy bien. O Saavedra, que ya es mucho más residencial y estás al lado.
-¿Qué harías con el centro, que está tan venido a menos?
-Beneficios fiscales para los que construyan en el centro, para los que inviertan en el centro. Hacer que todo lo que es oficina sea apto vivienda. Porque el centro murió porque son todas oficinas. Entonces vos tenés que hacer que la zona sea de usos mixtos. Iría un montón de gente ahí. Además, la conexión del microcentro es un diez. Llega todo el transporte.
Como todo en Beltrán, la gestación de su libro se dio de manera natural y abrupta. Apareció la idea, la comentó en redes y avanzó.

-¿Cómo te resultó la experiencia de escribir un libro? Sos más audiovisual.
-Sí, muy grato. Yo, sinceramente, tengo una teoría de que las redes sociales que existen actualmente, van a morir. Porque es lo que tiende a pasar. Facebook está muriendo. Twitter está muriendo. MySpace murió. BBM (BlackBerry Messenger) murió. Las redes tienen un ciclo de vida y van a morir. Mueren estas y van a aparecer nuevas. Entonces, si mueren Instagram, Twitter, Facebook y TikTok, mi mensaje muere con ellas. Y yo veo el libro como algo inmortal. Yo me voy a morir, y mi libro va a estar ahí. Y mi nieto y mi bisnieto van a decir, este es el libro del boludo de mi bisabuelo que lo escribió, y lo van a poder leer. Y los videítos, para mí, van a desaparecer. El libro te da otra autoridad. No es lo mismo Beltrán, el youtuber, que Beltrán, el autor. Y más para mí, que mi audiencia tiene 40, 50, 60 años. Y hay también algo que estudié estratégicamente. Muchos emprendedores que sacaron libros comentan que, luego, los mejores y más fieles de sus clientes son aquellos que los conocieron a través del libro.
-¿Cómo surgió?
-La idea surge a partir de una demanda enorme. A mí me mandaban mensajes todos los días. Era gente preguntándome, cómo hacés esto, qué me recomendás, cómo manejarías esto. Y yo les contestaba. Y en un momento estaba contestando tres horas por día. Y dije, esto es una estupidez, armo un libro. Y, de hecho, los capítulos de mi libro los elegí en base a lo que más me consultaban por mensaje de Instagram. Me fijé las consultas más frecuentes y así elegí los títulos de mis capítulos.
-Y la editorial, ¿cómo llegó?
-Yo saqué un video diciendo, gente, estoy escribiendo un libro. Yo no había ni pensado en la editorial. Y me hablaron ellos.
-En un mundo digital, reivindicás el encuentro cara a cara.
-Sí. La lógica es, yo subo un video hablando de real estate y me termina comprando el 0,0001%. Y en los eventos presenciales, cuando voy a dar una charla a una empresa o a una universidad, ronda entre el 3 y el 4% la tasa de ventas. En un video puedo alcanzar a un millón de personas, en una charla son cien. Pero la presencialidad no se puede dejar de lado. Las cosas ocurren cara a cara.
-Al final del libro anunciás que al llegar a 100.000 copias vendidas vas a publicar la segunda parte.
-¡Cómo me fui de boca! Puse 100.000, como si 100.000 fuese conservador. Porque yo no conozco la industria del libro. Pero hoy es el libro más vendido de negocios por un autor argentino.
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