De España a la Argentina, qué meneo: va por más una artista que sedujo al Reina Sofía en ARCO
Alicia Herrero participa de una exposición en el Macba que reúne a creadores de ambos países; el prestigioso museo le compró dos obras en la reciente edición de la feria madrileña
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Tres décadas antes de que Gabriel Chaile conquistara la atención internacional con sus hornos de barro personificados en la Bienal de Venecia, Alicia Herrero exhibía recreaciones de huacos con escenas de sexo explícito en la librería Clásica y Moderna. Era el año 1992, cuando se celebraban cinco siglos del Descubrimiento de América, y la artista contrapuso esas imágenes con otras de frutillas como las que aparecen en situaciones eróticas de la pintura europea. Ese fogoso encuentro intercontinental tuvo su clímax semanas atrás, cuando el Reina Sofía compró dos de esos dípticos exhibidos por la galería Herlitzka & Co. en la reciente edición de la feria ARCO ; el museo también eligió allí una obra de la rosarina Ana Gallardo, en Ruth Benzacar.
“¿Cómo llega un objeto cotidiano a convertirse en pieza de museo?”, era una pregunta que ya intrigaba a Herrero al realizar esa serie. Cinco años después continuaría esa indagación con la pieza Mi botín, que integra Celebración y naufragio, exposición que acaba de inaugurar el Macba. “Después de exponerla en el Centro Cultural Rojas se vio solo una vez más, en una muestra colectiva. Desde entonces quedó en mi taller”, recordó en diálogo con la LA NACION.

Esta última pintura incluye objetos diseñados por referentes de la Bauhaus, la famosa escuela alemana de arquitectura, diseño, artesanía y arte que inspira la muestra actual. Y que vuelve a funcionar como nexo entre España y la Argentina, ya que reúne obras de seis artistas de ambos países. Además de Herrero participan Gonzalo Elvira –impulsor del proyecto, nacido en Plaza Huincul pero radicado en Barcelona-, Michele Siquot, Eduard Arbós, Rafel G. Bianchi y Regina Giménez.
“Celebración y Naufragio es un juego de contrarios –escribe el curador David Armengol en el texto que acompaña la exposición-, un festejo eufórico que mantiene cierta tensión dramática. La fascinación entusiasta por aquello que no sale como esperábamos, la expectativa del éxito unida irremediablemente al acecho constante del fracaso”.

“De España a la Argentina/ Qué meneo, qué vaivén./ Qué ajetreo, qué mareo, qué ruina”, cantaba Joaquín Sabina en “Dieguitos y Mafaldas”, canción que también alude a un vínculo erótico tan fuerte que logra atravesar el Atlántico. Como las frutillas y los huacos de Herrero.

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