Pausa
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MOSCÚ, Rusia.– Juntos, muy juntos, el hombre y la mujer están arrellanados en un banco del parque Lefortovsky, en Moscú. Ella, saboreando un helado, y él, luchando con el envoltorio para abrirlo y también disfrutar del suyo. La mirada gacha y ensimismada no les permite contemplar el paisaje otoñal, con árboles recargados de hojas amarillas a punto de desprenderse y un suelo tapizado de dorado con las que ya se han caído de las ramas. Tampoco parecen advertir que el entorno guarda similitud con la etapa que están atravesando en la vida: su propio apacible otoño que les permite la tranquilidad y relajación que transmiten. Con la satisfacción del deber cumplido, sin exigencias, pueden darse el lujo de una pausa merecida, sin apuro alguno. Pausa casi impropia de los tiempos que corren y casi utópica para aquellos que todavía transitan una edad en la que detenerse goza de mala prensa y hasta genera culpa saborear el ocio.
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