El triste recuerdo de Tito Noir: el rumor que lo atormentó y estuvo a punto de arruinar su carrera
En 2011 pasó por Newell’s y una falsa versión de la gente de Central lo afectó anímicamente
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El mundo del fútbol puede ser despiadado. Adentro y afuera de la cancha los protagonistas pueden vivir momentos muy desagradables. Y hasta un rumor infundado puede resultar tan dañino como para poner en jaque la carrera de un futbolista. En ese contexto se puede ubicar lo sucedido con Ricardo Tito Noir, el delantero que surgió de Boca, que a los 34 años terminó su contrato en Bolivia y ahora quiere encontrar equipo en su Entre Ríos natal. Su paso por Newell’s fue el punto crítico, porque allí comenzó a circular la versión de que él tenía una relación con un compañero del plantel, un mentira que lo afectó demasiado.
Todo comenzó en 2011 cuando emigró a Newell’s en busca de continuidad. La rivalidad en Rosario es tan grande que fue víctima de una versión falsa que hicieron circular en la ciudad: “Un día vino mi hermana diciéndome: ‘Che, ahí puso uno tal cosa’. Le dije que no le diera bola. Al rato era un quilombo. No entendía nada. Yo era chico. Solía ir a buscar a mi hija más chica al jardín y dejé de ir. Una vergüenza tenía. Salía predispuesto a pelear con alguien. Me decían algo y cómo no iba a pelear. Imaginate la bronca que tenía. Me quería ir a mi casa. Si querían perjudicarme los de Central, lo lograron”, contó en el programa Mundo Boca.
En la ciudad se instaló que Noir mantenía una relación con el arquero Sebastián Peratta. La mentira corrió con tal fuerza, salió de Rosario y se diseminó por todo el fútbol argentino: “En ese momento me tiraron al piso. Fue un momento muy triste”, dijo el delantero.

El relato de Noir, que jugó 19 partidos en Newell’s y convirtió dos goles, es realmente inquietante, se advierte el sufrimiento por ese situación. Incluso, contó qué sucedió cuando Gerardo Martino llegó al club en 2013: “A mí me liquidaron. Anímicamente ese año fue terrorífico. Cuando vino el Tata Martino, yo por un lado estaba feliz de que me iba a dirigir, pero no quería estar más. Un día me encerró en la sala de videos del complejo de Newell’s y me dijo: ‘Mirá, Tito. Yo quiero parar el equipo así, me gusta jugar con dos por afuera. Vos tenés las características’. Y yo le dije: ‘Tata, la verdad, no quiero estar un solo día más acá. La estoy pasando muy mal. No salgo a la calle, salgo de entrenar y me encierro en mi casa. La estoy pasando mal. Mi mujer y mi nena me ven llorar todos los días’. El Tata me respondió que ellos (por quienes echaron a correr el rumor) son así. Pero para mí, no”.
La carrera de Noir continuó en Banfield, después pasó por Racng, emigró a Chile, para jugar en la Universidad Católica, regresó a la Argentina y pasó por Huracán, Atlético de Rucumán, Belgrano y San Martín de Tucumán. Su último equipo fue Palmaflor, de Bolivia, y ahora busca equipo. Sin embargo, sus recuerdos de aquel momento no lo puede borrar: “Hay que poner límites. Alguien capaz lo dijo en joda y a mí me mató. Mi familia se ponía mal. Fue un momento desagradable que no se lo deseo a nadie. O lo superaba o no podía jugar más al fútbol”.
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