

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


“No pudimos construir un equipo que dé garantías”.
La definición puesta en la boca de quién durante ocho años honró cada uno de sus compromisos futbolísticos con solvencia máxima, pareció tan quirúrgica como necesaria. Solo la espalda infinita de un entrenador en su hora más sensible, podía ser capaz de diagnosticar el momento, incluyéndose en la crítica desde un lugar de máxima responsabilidad. Marcelo Gallardo lo hizo y a partir de su análisis todo lo que aflore como agregados, estará habilitado por esa descripción gráfica del momento.
Como una muestra gratis de la ciclotimia que caracterizó al año que se va, la postal del final resultó reveladora. En la ruleta de los penales, Pinola hincado intuía de espaldas a la realidad lo que se definía ciento ochenta grados por detrás, mientras Borja, también de rodillas pero de frente, se aventuraba a observar el desenlace por fatídico que fuera. Un River en dos direcciones contrarias. Extraviado. Confundido.

Ingresar al mundo del análisis invita a encontrar razones multicausales del comportamiento inédito del Millonario en el 2022. Casi todas involucran a los jugadores pero también al entrenador, tan influyente en los grandes momentos como ahora en tiempos de escasez. Vale la pena mencionar algunas:

Intentar obtener conclusiones de un ciclo que recién en el octavo año muestra la ausencia de títulos, define al éxito del proceso en general, pero es fácil suponer que un insaciable como Gallardo hará puertas adentro una evaluación exigente, que implique tomar algunas decisiones dolorosas. El impuesto que paga por su éxito es el de los francotiradores que agazapados y en silencio, esperaron con paciencia el momento de disparar sus dardos y ahora acechan por todos los flancos posibles. A diferencia de cada tiempo de recambio en los que siempre pudo reinventar su obra, esta vez al “escapista” se le acabaron los trucos.
Ganador empedernido, cuesta imaginar al año próximo sin el DT sentado en el banco. Dependerá de la clasificación a la Libertadores, pero dar el portazo y tirar la toalla en tiempos de tormenta y con el barco escorado, nunca fue parte de su esencia. Tragará veneno, lamerá sus heridas y volverá por sus fueros. Intentará recuperar esas garantías perdidas y armar un equipo previsible y confiable. En el fútbol como en la vida “se gana o se aprende”. Para Marcelo Gallardo, el 2022 quedará como el año del eterno aprendizaje.

