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La consternación inicial deja paso a cierta esperanza: Diego Araya se ha estabilizado y comienza a mostrar indicios, muy incipientes, de recuperación de su impresionante caída a caballo sufrida en los últimos días, cuando disputaba la clásica Copa General Manuel Belgrano en Coronel Suárez, el club más importante del interior del país y el más veces campeón del Argentino Abierto de polo.
El back de 42 años se fracturó cuatro costillas, que amenazan un pulmón, y sufrió un coágulo en el cerebro. En el accidente perdió la conciencia y los médicos del hospital Dr. Raúl Caccavo lo mantienen en coma farmacológico. Pero aparecieron signos alentadores.
“Neurológicamente está estable. Hay que ver cómo reacciona la presión intracraneana en la medida en que empiecen a bajarle la sedación. Mañana [por este miércoles] van a tratar de sedarlo menos que hoy, y así, de a poco, empezar a despertarlo”, informó su señora por mensajería instantánea. Existe un grupo de casi 200 integrantes en Whatsapp, llamado “Vamos TIO VIEJO”, para seguir las novedades sobre el estado de salud de Araya, el menor de cuatro hermanos varones que han competido en el alto handicap. Diego tiene 7 goles de valorización, y ha llegado a 8.

“Los pulmones siguen comprometidos pero está respondiendo solo, así que no sería necesario seguir con el respirador”, comunicó su esposa, notoriamente entusiasta respecto a la evolución del polista. “Cuando le hablaba, los monitores reaccionaban”, añadió, destacando otra muy buena señal. Si bien en un primer momento se pensó en trasladar al deportista a Buenos Aires para que tuviera una atención médica de mayor complejidad, se decidió que permaneciera en Coronel Suárez, y ello hasta puede ser positivo para la comunidad local: “Gracias a Diego aparentemente se está gestionando un servicio de neurocirugía en el hospital”, escribió su mujer.
Que tiene fundada su esperanza más allá de la ciencia médica. “Sin dudas, la Virgen lo tiene bien agarrado. ¡A no aflojar con los rezos!”, celebró con esperanza. Tanto mejor parece la situación actual que la inicial, que ella hasta se permitió una humorada final: “¡Ah, nota de color! ¡Ya empezó a quejarse! ¡Por lo visto tengo Negro para rato!”, tipeó, con cinco iconos de brazo musculoso.
Diego Araya aún no recobró el conocimiento, pero como afirma su hermano mayor Benjamín, “por suerte, está mucho mejor”. El entusiasmo va ganándole terreno a la angustia.




