
Invertir con horizonte: por qué el tiempo es el factor que define los resultados
En un contexto de alta volatilidad, Marcelo Otermin, Responsable de ICBC Investments sostiene que las decisiones más sólidas no se construyen en el corto plazo; claves para diseñar una estrategia que combine plazo, riesgo y liquidez
La expectativa de obtener resultados rápidos suele ser uno de los principales motores —y también uno de los mayores riesgos— al momento de invertir. En un escenario atravesado por la inmediatez, la lógica del corto plazo muchas veces se impone sobre decisiones que, por naturaleza, requieren tiempo. Sin embargo, hay un punto central que permite ordenar esa tensión: las inversiones más consistentes no se construyen en el corto plazo. “Las decisiones más sólidas requieren tiempo”, explica Marcelo Otermin.
El tiempo no es solo una variable más dentro de una estrategia financiera. Es, en muchos casos, el factor que determina su éxito. A mayor plazo, mayor capacidad del capital de acumular rendimiento y atravesar ciclos de mercado sin necesidad de desarmar posiciones.
El rol del interés compuesto
Uno de los conceptos que mejor refleja esa lógica es el del interés compuesto. Es decir, la posibilidad de generar ganancias sobre las ganancias acumuladas. En la práctica, esto implica que cada rendimiento obtenido se reinvierte y pasa a formar parte del capital. Con el tiempo, ese efecto se potencia y permite que el crecimiento sea progresivo. No se trata de resultados inmediatos, sino de un proceso sostenido. Y para que ese proceso funcione, hay una condición clave: darle tiempo.
Tres variables que ordenan la estrategia
Ahora bien, invertir a largo plazo no implica ausencia de planificación. Por el contrario, requiere definir con claridad tres variables fundamentales. La primera es el horizonte temporal. Funciona como un faro que guía las decisiones y permite alinear los instrumentos con los objetivos. No es lo mismo invertir para un gasto cercano que para un objetivo a diez o veinte años.
La segunda variable es la tolerancia al riesgo. Cada inversor tiene un umbral distinto frente a la volatilidad. Entender cuánto riesgo se puede asumir —y, sobre todo, cuánto se puede tolerar— resulta clave para evitar decisiones impulsivas.
La tercera es la liquidez. Es decir, la necesidad de disponer del dinero en determinados momentos. Este factor condiciona directamente el tipo de instrumentos que se pueden incorporar a la cartera. “En la medida en que no se requiera liquidez, es posible acceder a instrumentos con otra relación entre riesgo y rendimiento”, señala Otermin.
Desde ICBC Inversiones, este enfoque se traduce en soluciones que buscan ordenar estas variables en la práctica. Por ejemplo, a través de fondos que ya integran distintos activos —bonos, acciones y liquidez— según perfiles de riesgo definidos, o carteras diversificadas diseñadas por especialistas que combinan horizontes y objetivos.
Evitar los errores más frecuentes
Uno de los principales obstáculos para sostener una estrategia de largo plazo no es técnico, sino conductual. Entre los errores más habituales aparece la tendencia a abandonar el plan ante el primer resultado negativo. La volatilidad, que es parte natural de los mercados, muchas veces se interpreta como una señal de salida. “Lo que suele pasar es que ante un resultado negativo se abandona la estrategia, y eso es lo que no puede pasar si el objetivo es de largo plazo”, advierte Otermin.
A esto se suman otras conductas recurrentes: concentrar todo el capital en un solo activo o buscar resultados inmediatos, sin considerar el proceso. La diversificación —otro de los pilares que promueve ICBC— aparece como una herramienta clave para mitigar estos riesgos, al distribuir el capital entre distintos instrumentos y reducir la exposición a un único comportamiento de mercado.
Sostener el rumbo
Invertir bien no implica anticipar lo que va a pasar. Implica construir una estrategia y sostenerla. En ese sentido, la disciplina y la coherencia resultan tan importantes como la selección de activos. Evitar reaccionar ante cada movimiento del mercado y mantener el foco en los objetivos definidos.
Porque el valor no está en una decisión puntual, sino en la consistencia a lo largo del tiempo.“No se trata de adivinar el futuro, sino de tener un plan y darle tiempo para que funcione”, resume Otermin. En un escenario donde la incertidumbre es parte del contexto, el tiempo deja de ser una variable pasiva para convertirse en el principal aliado del inversor.
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