Asumió Lula en Brasil: el bombardeo de Bolsonaro a la transición deja desafíos urgentes
El comienzo del tercer gobierno del líder del PT es el cierre de un periodo de transición inédito en toda la etapa democrática
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RÍO DE JANEIRO.- La toma de posesión del nuevo gobierno de Brasil de Luiz Inacio Lula da Silva es el cierre de un periodo de transición inédito en toda la etapa democrática.
El equipo que asume fue bombardeado hasta el último día con medidas de sabotaje y la quita total de colaboración del gobierno que se despidió. Antes de apagar las luces, por ejemplo, Jair Bolsonaro quitó el impuesto a las operaciones financieras de cobertura. La medida le costará a las arcas públicas 1200 millones de dólares, pero el nuevo titular de Hacienda, Fernando Haddad, tiene decidido revocarla.
Ante esos obstáculos, los ministros que asumen llegan conscientes de la herencia que enfrentarán. Algo también inédito es que el equipo de transición realizó un diagnóstico y formuló recomendaciones concretas para todas las áreas. Los ministros participaron de ese trabajo y se pasaron dos meses estudiando la situación que dejó el gobierno saliente.
Ese diagnóstico es esencial porque la maquinaria estatal fue destruida en diversas áreas. Y serán años difíciles para todas ellas. En Medio Ambiente, la alianza delictiva que enfrentó Marina Silva cuando fue ministra, en 2003, no solo se fortaleció, sino que se convirtió en una red de crimen organizado en el Amazonas.
En cuanto a la economía, el gobierno recibe un país en ambiente recesivo. Llegaron a su fin los beneficios para estimular artificialmente el crecimiento con fines electoralistas. En cuanto a la exención al precio de los combustibles, una de las muchas trampas montadas contra el gobierno de Lula, en el nuevo gabinete hay opiniones divergentes. Haddad pidió no prorrogar la exención de los impuestos federales, mientras que Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), defiende una prórroga de 90 días.
En ese entorno político, es muy probable que se apruebe una reforma tributaria que ya ha sido muy discutida. Pero nunca se deben subestimar las dificultades que entraña una modificación de los impuestos, ya que toca el bolsillo de la gente, la recaudación pública y, sobre todo, a grupos de interés. Lula tendrá que analizar todos esos incentivos y exenciones sectoriales, que suman casi 30.000 millones de dólares.
Los últimos cuatro años vivimos bajo un gobierno de amenazas democráticas. Ahora se produjo una victoria contra ese proyecto autoritario que quería perpetuarse en el poder con más ataques contra el Poder Judicial y contra la prensa. Pero para que la democracia se reconstruya y cure sus heridas, el nuevo gobierno debe trabajar y abocarse de lleno a fortalecer la propia democracia. Si los problemas de la gente quedan sin resolver, la democracia es apenas una palabra bonita.
Traducción de Jaime Arrambide
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