El espíritu Francisco, forjado en Aparecida
La visita del Papa al santuario de Aparecida tiene un alto contenido. Allí se desarrolló la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en 2007, en la que Jorge Bergoglio participó muy activamente. Él sabía que allí podían ocurrir dos cosas: o revivía el espíritu de comunión de la Iglesia en América latina o se lo terminaba de enterrar.
Él supo generar una dinámica participativa, entusiasta y esperanzada. El documento final contiene las notas propias de una identidad eclesial latinoamericana: la opción por los pobres y la defensa de la dignidad humana junto con una espiritualidad profunda, la valoración de la cultura popular y, al mismo tiempo, un llamado al crecimiento y a la formación.
El lenguaje y los acentos de Bergoglio están por todas partes, sin que el documento deje de ser una auténtica obra colectiva.
Pero en Aparecida se trató una cuestión menos desarrollada en encuentros anteriores: la convocatoria a un intenso dinamismo misionero, a reformar la Iglesia para que salga de sí misma y sea capaz de llegar a todos, sin descuidar las periferias más abandonadas.
Bergoglio percibió que en muchos de los participantes existía esa preocupación y entendió que debía ser una nota característica de Aparecida. Por eso, apenas regresó a Buenos Aires, comenzó a insistir en que la Iglesia se volviera radicalmente misionera, en constante salida de sí, evitando la "autorreferencialidad". Como Papa, retomó con fuerza ese discurso, que termina exigiendo importantes cambios.
El hecho es que cuando él se dirige a obispos latinoamericanos siempre les menciona algo del documento de Aparecida. Pero también lo obsequia a personalidades del mundo político o profesional latinoamericano, porque en el trasfondo del documento hay todo un programa de trabajo.
Diría que las razones por las cuales el Papa hace el esfuerzo de viajar a Aparecida en medio de su compleja visita a Brasil son tres: la primera es pedirle a la Virgen que interceda para que su pontificado pueda encarnar las convicciones profundas que se explicitaron en Aparecida. La segunda, invitar a los obispos, sacerdotes y agentes pastorales a no archivar ese documento.
La tercera es más sencilla. Recuerdo que cuando estábamos en el hotel donde residíamos durante la Conferencia, una persona que trabajaba allí le preguntó si era verdad que en el último cónclave había salido segundo. Él sonreía. Después le dijo: "Bueno, si usted es el próximo papa, espero que nos venga a visitar". Bergoglio contestó: "Cómo no". El papa Francisco es un hombre de palabra.
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