Moscas: la soledad, la infancia y los vínculos inesperados, en un film melancólico y sensible
El film mexicano, dirigido por Fernando Eimbcke, fue estrenado en la última edición del Festival de Berlín
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Moscas (Flies, México/2026). Dirección: Fernando Eimbcke. Guion: Fernando Eimbcke y Vanesa Garnica. Fotografía: Maria Secco. Edición: Salvador Reyes Zúñiga y Fernando Eimbcke. Elenco: Teresita Sánchez, Bastian Escobar y Hugo Ramírez. Duración: 99 minutos. Calificación: SP (Supervisión Parental sugerida). Nuestra opinión: muy buena.
Hay una constante que caracteriza al cine del mexicano Fernando Eimbcke, una inclinación que ya asomaba en su celebrado debut, Temporada de patos (2005), estrenado en Argentina hace más de veinte años: un apego evidente por las historias mínimas en las que suceden transformaciones profundas que podemos intuir muy pronto pero invariablemente se desarrollan de una manera gradual, nunca intempestiva.
Presentada en la Competencia Oficial del Festival de Berlín, Moscas responde a ese mismo esquema que define el estilo de este cineasta de 56 años que en su momento rodó unos cuantos videoclips populares en MTV. La película tiene una dinámica anodina y está atravesada por la soledad, las zozobras propias de la infancia y el valor indiscutible de los vínculos, aún cuando se tejan de manera inesperada.
Olga (muy buen trabajo de Teresita Sánchez) es una mujer mayor que vive sola en un enorme complejo habitacional de Ciudad de México, fotografiada por María Secco en un blanco y negro de linaje neorrealista que acentúa la melancolía del film. Sus días transcurren entre rutinas nimias, pequeñas irritaciones de orden doméstico y un aislamiento (mal) entendido como autoprotección. La necesidad económica la obliga a alquilar una habitación a Tulio, que no llegará solo, aunque al principio lo oculte. Su hijo Cristian (Bastian Escobar, de 9 años, otro que se luce) es justamente quien terminará alterando por completo el universo cerrado en el que vive Olga. La premisa del niño carismático que mejora la vida de un adulto amargado no es nueva (pensar en Cinema Paradiso y Estación Central, por citar dos ejemplos célebres). Pero Eimbcke evita caricaturas, subrayados y clichés, apuesta por una evolución de los hechos más sutil, alejada del temperamento solemne de las redenciones épicas.

Lo mismo ocurre con la enfermedad de la madre de Cristian. En lugar de utilizarla como un chantaje lacrimógeno, Eimbcke la usa para visibilizar la compleja red de dependencias de una familia en crisis. En Moscas nadie puede sostenerse completamente solo: la madre depende de la atención médica, el padre necesita trabajar, el niño precisa adultos que lo cuiden y a Olga le urge conseguir ingresos para resolver sus propios problemas. La precariedad económica es un factor común: se nota en las dificultades para solventar un tratamiento médico, en las habitaciones alquiladas cerca del hospital, en la imposibilidad de que un niño permanezca junto a su madre enferma…
En esas circunstancias angustiantes, Cristian observa el mundo con la ingenuidad lógica de un chico de su edad, pero también demuestra una gran inteligencia práctica que le permite conseguir ayuda de los adultos, negociar con los guardias del hospital y desenvolverse en espacios donde los niños parecen estar siempre fuera de lugar. La cámara adopta muchas veces su perspectiva, que filtra la ciudad como un territorio lleno de obstáculos pero también de encuentros inesperados. Cada instante es para el chico una pequeña aventura, y eso se vibra siempre que aparece en escena.

El videojuego que lo obsesiona funciona como el único espacio en el que puede ejercer cierto control. Las naves enemigas que destruye una y otra vez pueden leerse como representación imaginaria de la enfermedad que consume a su madre, y al mismo tiempo ese universo digital se convierte en el primer territorio realmente compartido entre Cristian y Olga: un lugar donde ambos pueden relacionarse sin necesidad de verbalizar aquello que los angustia. Esos detalles son los que consolidan a Eimbcke como un cineasta sensible y con ideas.
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