Cinthia Fernández habló de su lucha contra la vigorexia: “Me veía deforme”
Luego de un cruce con su colega Mar Tarrés, la panelista de Los ángeles de la mañana se refirió al trastorno que padeció en 2012
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Luego de que Mar Tarrés (28) hiciera un fuerte descargo en las redes sociales contra dos panelistas de Los ángeles de la mañana (eltrece) por su presunto maltrato hacia las personas que padecen obesidad, Cinthia Fernández (32) reveló que padeció vigorexia en 2012.
Por motu proprio, Fernández habló del trastorno que sufrió hace casi una década. “Se llama vigorexia y me llegó a afectar mucho. Es como la anorexia, pero me veía deforme. Tenía un problema con mi cuerpo y me afectó mucho. Tenía tanta fijación con el cuerpo, por ejemplo con los abdominales, que hacía 700 abdominales por día. Pero lo peor era que si en vez de 700 hacía 699, me moría por llegar a las 700. Si no los hacía, me veía que no estaba marcada”, reconoció.

Para graficar lo grave del cuadro, la panelista recordó a qué punto había llegado su obsesión. ”Le pedí (al gimnasio) las llaves para que me dejaran ir los domingos, en un momento donde no era tan habitual que estuvieran abiertos. El gimnasio estaba cerrado y yo quería que me dieran las llaves como si fuera la dueña y pudiera ir cuando quisiera. Estaba enferma”, remarcó.
Sobre el final de su relato, Cinthia aseguró que se dio cuenta de su problema gracias a las palabras y los consejos del bailarín Gabriel Usandivaras. “Hasta que un día me agarró Gabo y me dijo: ‘Estás entrenando demasiado, Cinthia, a vos te pasa algo’. Las flacas también sufren. Hace un tiempo Oriana Sabatini subió un video en ropa interior y dijo que tuvo trastornos alimentarios y todo el mundo se solidarizó con ella y me parece perfecto, ahora yo pongo una foto mía en ropa interior y me dicen que soy p…, una mala madre, un mal ejemplo para mis hijas, de todo”, concluyó.
De qué se trata la vigorexia
El psiquiatra norteamericano Harrison G. Pope, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard, fue el primero en acuñar el término “vigorexia”, en los años 90, para referirse a la patología mientras estudiaba el uso y abuso de los esteroides anabólicos. La primera vez que describió el cuadro lo llamó “anorexia invertida”, porque quienes lo padecen están obsesionados con su apariencia. Sin embargo, en lugar de bajar de peso, su fijación es ganar masa muscular.
Se trata de un desorden emocional que impide percibir el propio cuerpo como es y, en general, evoluciona hacia un trastorno obsesivo-compulsivo. “Este trastorno, que aún no se halla incluido en el DSM IV (clasificación y criterios diagnósticos sobre afecciones psiquiátricas), es sin duda el reflejo de los tiempos que corren y comienza a observarse un crecimiento progresivo en entornos determinados –gimnasios de aparatos, deportes en los que no se efectúa control antidoping, deportistas muy obsesivos, físicoculturistas, etcétera–, que afecta a la población adolescente y adulta preferentemente masculina”, señala la licenciada Adriana Mirella, autora del informe sobre vigorexia publicado por la Asociación de Psicología del Deporte Argentina.
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