Divididos dio otra cátedra de rock en los claustros de la música argentina
La banda de Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella volvió a dar clase con las canciones de su último álbum y los grandes éxitos del trío
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Divididos, concierto del grupo en el Movistar Arena. Show: sábado 9 de marzo. Próxima función: 4 de julio. Nuestra opinión: Muy Bueno.
“Volver al centro, volver al silencio”. La frase -se escucha en “Bafles en el mar”, del último álbum de Divididos- podría ser un mantra, aunque en un concierto de rock no se vibra en una sola cuerda. Los estados cambian, incluso, con apenas unos pocos matices. Pero es cierto que Divididos tiene algo zen (de volver al centro y al silencio) y mucho de extraversión, de pulsión y nervio. De centro, de silencio, de rugido. La combinación siempre le ha dado buen resultado y lo ha puesto en lo más alto del firmamento musical local. Power trío por excelencia de la música vernácula, en sus señas particulares están sus virtudes y, también, sus mañas. Tocar mucho (o todo lo que se pueda) en cada lugar que les abra sus puertas, y grabar discos cuando el corazón (o vaya a saber qué) lo demande.

“Las canciones nuevas”, decía Ricardo Mollo, sin ponerle verbo y como único saludo del show del último sábado, en el Movistar Arena. Como si fuera un “Hola”. Otra manera de decir: acá estamos, volvimos hace rato a compartirles nuevos temas en un disco y ahora (después de otro buen rato), les sacamos brillo sobre el escenario.
El último álbum de Divididos (que lleva el nombre de la banda) se publicó a mediados de noviembre de 2025. Dos semanas después, el grupo tocó en este mismo escenario, pero no hizo una presentación formal del disco.
El álbum trae una docena de canciones que hacen honor al apodo de la banda: la aplanadora del rock. La música es absolutamente demoledora y tiene un par de cambios de paso, con temas levemente más suaves y muy bellos (al promediar el recorrido y hacia el final). El resto es puro crujir de guitarras que no van en desmedro de lo que se quiere decir en cada canción.

Hay, a lo largo del disco más reflexión que narración, y una especie de deseo subliminal que apunta a correrse del engranaje de un sistema. Ya la primera frase del primer tema sentencia: “Lo que te demora es lo que te traiciona”. Y a medida que se lo comienza a recorrer se podrán encontrar modos mayores y menores, introspecciones, desencantos y esperanzas.
Ahora volvamos un par de párrafos atrás. La formalidad no va de la mano con este grupo. Y el último sábado Divididos no presentó en vivo su más reciente disco sobre este escenario, lo echó a la misma olla donde está el resto de las canciones. Fueron siete (“Aliados en un viaje”, “Monte de olivos”, “Doña Red”, “El faro”, “Bafles en el mar”, “Cabalgata deportiva” y “Grillo”) de las doce que integran esta producción. No hay formalidad en la historia de la banda, lo que hay es rigurosidad en un trabajo que lleva 38 años, sin interrupciones.
Catriel Ciavarella en la batería y Diego Arnedo en el bajo eran la sólida representación de la famosa aplanadora del rock. Mollo cambiaba guitarras en cada tema, como quien cambia los aderezos para un nuevo plato (si acaso sirve la comparación con sus pasiones culinarias). Los matices tienen que ver con eso. Nadie podría pensar en vanguardias cuando se habla de Divididos, pero, como siempre ha hecho todo tan a su modo y a sus tiempos, el acto musical siempre o casi siempre favorece al grupo. Porque no hay nada más clásico que un power trío, sin embargo, en cada gesto Divididos tiene su marca, su estilo, su modo de hacer diferencia, incluso en detalles bien pequeños.
A los tres muchachotes el último disco les salió furiosamente bello y (también) pacíficamente bello. Su puesta sobre un escenario resulta una magnifica amplificación. Con la dulzura de “Grillo”, con la rudeza de “Cabalgata deportiva”, que lleva el ADN absoluto del sonido del grupo, con las trepadas tan características del bajo de Arnedo.

Unas dos horas veinte de rock, con ese primer tramo que incluyó buena parte de novedades, un segundo bloque para bajar los bpm con canciones más tranquilas y más tarde un final con la gran catarata de hits que el grupo ha logrado acopiar en cuatro décadas de historia, sumadas a los éxitos de Sumo, que nunca faltan en sus actuaciones.
El set acústico, con contrabajo, guitarra de caja y tambor con escobillas, trajo canciones como “Dame un limón”, “Como un cuento”, “Grillo” y “Spaghetti del rock”, acompañada por un conjunto de arcos.
La tercera sección abrió con una de las novedades, “El Faro”, y luego se metió en esos grandes éxitos a los que el grupo tiene bien acostumbrado a su público. “Salir a comprar”, con percusión y sección de brass, al estilo del funk de la década del setenta, y el final con el pogo de siempre.

Un rato después, el enganchado de “Que tal” y “La rubia tarada” hizo que el público llegar a uno de sus clímax. “Cabalgata deportiva” estuvo dedicada al Teatro de Flores, una de las salas donde mas ha sonado la banda. “Crua-Chan” fue acompañada por un grupo de gaiteros. “Sucio y desprolijo”, de Pappo, tuvo como invitado al guitarrista Alambre González. Y muy a la manera de Divididos (sin formalidades) ese momento fue un espontáneo homenaje a Alambre, un enorme guitarrista del blues y el rock argentino, que quizá no ha logrado el reconocimiento que se merece. Este show fue una buena oportunidad para apreciarlo y aplaudirlo.
El postre llegó con más clásicos: “Paraguay”, “Rasputín”, “Haciendo cosas raras”, “El 38″ y “Ala delta”, gemas de la más pura tradición analógica que todavía se puede seguir disfrutando, aunque no sea lo más común, en esta tercera década del siglo XXI.
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