Madama Butterfly: una puesta sobria y el lucimiento de las voces principales
La ópera de Puccini volvió al Teatro Avenida de la mano de Juventus Lyrica
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Madama Butterfly. Nueva producción de Juventus Lyrica. Ópera de Giacomo Puccini con libreto en italiano en Illica y Giacosa. Dirección musical: André Dos Santos. Dirección escénica: Ana D’Anna. Orquesta y coro de Juventus Lyrica. Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova. Vestuario: María Jaunarena. Protagonistas: Cio-Cio San, Monserrat Maldonado; Pinkerton, Ramiro Pérez; Suzuki, Daniela Prado; Sharpless, Alfredo Martínez Torres; Yamadori, Jerónimo Vargas Gómez; Goro, Santiago Delpiano; Bonzo, Cristian De Marco; y elenco. Sala: Teatro Avenida
La ópera vive del drama en conjunción con la música y las voces. Por ese motivo, con una puesta mínima indispensable, la historia se sostiene y la obra de arte, florece. Con esa premisa, Juventus Lyrica presentó a lo largo de cuatro funciones en el Teatro Avenida una de las obras más entrañables del género lírico: Madama Butterfly de Giacomo Puccini.
Bajo la eficaz dirección escénica de Ana D’Anna, los decorados minimalistas bastaron para delinear la acción: la pequeña casa de Butterfly construida con paneles móviles y una decoración de estampas sutiles (de Diego Danei); la utilería necesaria, en este caso solo con elementos de gran simbolismo, y un fondo de gradas recreando la colina en Nagasaki y las vistas al cielo, el puerto y el mar. Destacados en la composición visual: el diseño de luces (a cargo de Gonzalo Córdova al igual que la escenografía) generaron los adecuados cambios de clima desde el telón de fondo y momentos protagónicos para la luz como “la habitación con tintes rojos”, según indica el libreto, cuando despierta Butterfly; y el rico diseño de vestuario (creado por María Jaunarena) con piezas respetuosas de la estética del Japón, exhibida con particular gracia y colorido en la entrada de Butterfly con el desfile de sus amigas geishas llegando a la boda —pasaje oportuno para mencionar el coro dirigido por Pablo Manzanelli, y el mágico fragmento a bocca chiusa en el final del segundo acto—, ultimado con detalles de maquillaje y pelucas en lo que representa una fiesta para los caracterizadores.
La orquesta, por su parte, bajo la batuta del director brasileño André Dos Santos, colaborador de Juventus de larga data, tuvo un desempeño correcto (algunas falencias de los vientos a señalar en momentos clave de lucimiento orquestal, como el Intermezzo, y el desbalance de algunas percusiones sobre todo los platillos ubicados en palcos laterales).
En el corazón de la interpretación, el factor determinante: las voces. Comenzando por el brillante protagonismo de la soprano Monserrat Maldonado, a la altura de las enormes exigencias vocales y dramáticas de su personaje, interpretando la parte, desde la ternura hasta la intensidad de la tragedia, con un registro parejo, agudos bellos y fraseo consistente. En su aria fundamental Un bel dì vedremo dio pruebas de expresividad y convicción, control en los ataques, los pianissimos y las líneas de largo aliento que requiere la suntuosa composición. Daniela Prado, con una Suzuki magnífica, aportó no solamente la densidad y riqueza grave de su cuerda, impactando con la oscuridad del timbre propio, sino también, el contrapeso que implicó su figura con notable seguridad escénica. Sobresaliente en el bellísimo dúo de las flores con Butterfly y en el trío con Pinkerton y Sharples, entre los ensambles más logrados de la noche.
Las voces masculinas fueron creciendo en aplomo a lo largo de la función. El caso de Sharpless en la voz del barítono colombiano Alfredo Martínez Torres y, sobre todo, la del tenor Ramiro Pérez, con un precioso timbre lírico en el papel del oficial Pinkerton, que fue de menos a más en el dúo de amor Bimba dagli occhi pieni di malia. A lo largo de la partitura y hasta el célebre final con el aria Addio, fiorito asil, Pérez fue ganando presencia en el desempeño de un personaje ingrato en todo sentido.
A resaltar como cierre del capítulo vocal, los tres protagónicos —Butterfly, Suzuki y Pinkerton—, tres voces extraordinarias que, como integrantes del Coro Estable del Teatro Colón, hablan no sólo de la dinámica del medio musical clásico sino también de la calidad del cuerpo a un alto nivel de formación solista.
Como reflexión, vale destacar el mérito de Juventus Lyrica como organización, no sólo por el esfuerzo titánico que reviste montar un espectáculo operístico de manera independiente, sino también por la generosidad, la pasión y el amor con que transmiten las enseñanzas del género a quienes lo hacen y a quienes, ávidos de arte y emoción, lo reciben de brazos abiertos.
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