A la sombra del paraíso: donde el amor no es eterno
Sensible y atractivo unipersonal de Marcela De Grande
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★★★ Autora e intérprete: Marcela De Grande. Dirección: Germán Rodríguez. Escenografía y vestuario: Gabriella Gerdelics. Iluminación: Paula Fraga. Sala: Moscú Teatro, Ramírez de Velasco 535. Funciones: domingos, a las 20.30. Duración: 55 minutos.
El vivero de Julia alberga las flores que intentan expresar la persistencia del amor. Los clientes las buscan para el Día de San Valentín, un tanto inseguros de cuáles podrían representar sus sentimientos con respecto a su pareja. La florista ayuda, redactando tarjetas poéticas.
La atención de clientes en la florería se entrevera con conversaciones telefónicas con el hijo reluctante y con el marido que la abandona, con sus propios recuerdos. Julia presenta una vitalidad floreciente, pero asoman las sombras de un marchitarse prematuro. “La distancia entre tus pasos y los míos...“, dice cuando ya está por cerrar las puertas de la florería, dando cuenta del desencuentro.
A la sombra el paraíso, el unipersonal escrito e interpretado por Marcela De Grande y dirigido por Germán Rodríguez, aborda vertientes superficiales y profundas del amor, en un irónico vaivén de las contradicciones entre la construcción de una normalidad y el derrumbe íntimo. Las flores, portadoras de ilusiones, a veces vanas, se despliegan bellamente en los origamis armados por la creativa escenógrafa Gabriella Gerdelics.
Alguna excursión onírica al pasado del personaje aporta claves que prefiguran la condición lábil de su relación de pareja, pero corta un tanto, quita el foco de la dinámica de la tensión presente, de la florista haciendo equilibrio en el borde del precipicio emocional.
La transición continua y sutil entre la expresión de la frustración vital de la protagonista y los textos de contenida comicidad de las tarjetas de poesía amorosa que pergeña para quienes adquieren un ramo genera un ritmo atractivo, no siempre fácil de llevar por la actriz. Sin embargo logra encausar una catarata de situaciones en un crescendo hacia un momento de silencio, del que emerge el ligero son del deseo, que sobrevive a la caída del paraíso.
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