
Encontrá las guías de servicio con tips de los expertos sobre cómo actuar frente a problemas cotidianos: Adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, transtornos de la conducta alimentaria y más.


Si bien, todos tenemos algún rasgo tóxico, vivimos rodeados de personas con diferentes tipos de toxicidad permanente: envidia, queja, maltrato, psicopatía, etc. Te invito a analizar este tema y a aprender cómo podemos reconocerlas.
Las personas tóxicas no suelen mostrarse de esa manera desde el principio. Rara vez alguien te grita, te descalifica, te maltrata de entrada. Por lo general, en un comienzo son personas maravillosas que vienen en son de paz. ¿Por qué? Porque tienen que ganarse tu confianza. Por eso, con el tiempo, uno llega a decir: “Nunca me imaginé que esta persona fuera envidiosa, celosa, chismosa, negativa, etc.”. Y la toxicidad más peligrosa es aquella que nos confunde. Esto es lo que el tóxico busca hacer. Para ello, emplea frases tales como:
-Yo nunca dije eso.
-Vos me estás cambiando las palabras.
-Yo lo que te dije fue que…
-¡Vos estás exagerando!
De esa manera, busca hacer sentir culpable al otro cambiando el sentido de sus palabras o inventando tonos y gestos que no son propios. Casi siempre se trata de alguien que viene con una “actitud de confusión”, no con una actitud agresiva. Es lo que en psicología se conoce como “manipulación psicológica”.
Porque necesita sentir que es superior a los demás. Lo que procura, en el fondo, es el poder sobre el otro. Pero no de forma directa. Por ese motivo, hará uso del sarcasmo, la corrección constante, la invalidación o la competencia. Jamás admitirá sus errores, pues siempre quiere tener razón. Todas formas de ejercer el control sobre quienes lo rodean.
Entonces, permanentemente busca nivelarte hacia abajo y robar tu energía. Y, para ello, acostumbra alternar afecto con daño. Por momentos, te brindará calma, cariño y conexión. Y, por momentos, te entregará frialdad, conflicto y silencio. Por lo cual, se volverá impredecible. Dicha mezcla de amor y maltrato es lo que va podando tu estima.
Una persona tóxica es consciente de que busca dañar, pero no realiza introspección. Es decir, que no reconoce su toxicidad. Y necesita verte mal para sentirse bien. Necesita descalificarte para calificarse a sí misma. Necesita destruirte para sentir que está construyendo. Pues, casi siempre, guarda heridas no sanadas.
En primer lugar, tener siempre presente que hay gente que nos nutre; y también hay gente que nos enferma. De estos últimos, debemos mantenernos alejados en cuanto dependa de nosotros. Al menos, emocionalmente.
Cuidate de la gente que no puede celebrar tus victorias. Si a vos te va bien porque te aumentaron el sueldo o te fuiste de viaje o le sucedió algo lindo a tu familia, y alguien cercano no se alegra con vos, eso se llama envidia. No le cuentes tus logros a todo el mundo.
Alejate de la gente negativa y miedosa que te dice: “No se puede”, “No lo vas a lograr”, “Ya estás grande para hacer eso”. ¿Sabés de qué nos vamos a arrepentir antes de partir de este mundo? No de lo que hicimos mal, sino de lo que no hicimos. Animate a accionar y corré riesgos inteligentes. Aprendé de mentores y enfrentá tus miedos. Da el paso.
Mantené distancia de la gente quejosa. Hay personas que, en cuanto se levantan, ya tienen una queja en su boca: “Me duele…”, “¡Qué día horrible!”, “Qué mal está todo”. Porque no pueden disfrutar de las cosas buenas.
Por todo esto, cuidá tu mundo interior porque es el capital más valioso que podés tener.




