Conrado Estol: “Lo peor que dejó la pandemia fue la sensación de fragilidad”
El neurólogo sostuvo que la crisis sanitaria caló hondo en la población y analizó el impacto de la inteligencia artificial en la salud
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A más de seis años del comienzo de la crisis sanitaria que paralizó al mundo, el médico neurólogo Conrado Estol reflexionó sobre las huellas profundas que dejó la pandemia, no solo en términos sanitarios, sino también emocionales y sociales. Para el especialista, el impacto más grande excede incluso a las consecuencias inmediatas que provocó el coronavirus.
“Por empezar, las muertes. Más allá de eso, diría que lo peor es la sensación de fragilidad. Yo soy una persona como cualquiera, pero trabajo de médico. Y eso me ha hecho dar cuenta más de la vulnerabilidad y la fragilidad del ser humano, y del valor de los vínculos”, explicó en una entrevista con LA NACION.
A partir de esa mirada, Estol planteó que uno de los grandes desafíos actuales pasa por cambiar la forma en que las personas entienden el cuidado de la salud. Según explicó, el bienestar en la adultez no depende solamente de controles médicos ocasionales, sino de hábitos construidos a lo largo de toda la vida.

"La longevidad empieza décadas antes de la vejez. Entonces, más allá de ese chequeo médico, la persona tiene que haber transformado en hábito controlar el estrés, meditar si puede, dormir las horas debidas, socializar, comer comidas reales, hacer ejercicio, no fumar, limitar el alcohol. Cuando vos hacés eso, se hace todo mucho más fácil. Lo otro, el chequeo, es la medicina de encontrar el problema. Y, como decía antes, la medicina tiene que ser preventiva, no reparadora”, sostuvo.
Sin embargo, el médico también dejó en claro que llevar una vida saludable no implica perseguir una perfección imposible. Incluso reconoció que él mismo, muchas veces, no logra cumplir con todos los hábitos que recomienda.
“Acá puedo ser autorreferencial, para hablar mal de mí. Yo muchas veces trabajo de más, duermo de menos, como algo que no es correcto, o dejo de hacer ejercicio porque estoy de viaje o lo que sea. Igualmente, uno puede llevar una vida equilibradamente saludable cuando tiene conciencia de las cosas que hay que hacer. Yo adhiero totalmente a la mirada del disfrute; no hay que transformarse en un extremista, en un militante del perfeccionismo de la salud. Eso está mal”, señaló, alejándose de las posturas rígidas que suelen instalarse alrededor del bienestar físico.

En paralelo a estos cambios culturales vinculados a la salud, Estol también analizó el impacto de una transformación que revoluciona el mundo de la medicina: la inteligencia artificial. Aunque destacó los enormes avances que esta tecnología aporta al diagnóstico y a la investigación científica, advirtió que existe un aspecto central que ninguna máquina podrá reemplazar.
“La IA ha revolucionado la medicina. En ciencia, la IA diagnostica mejor, en general, porque no tiene sesgo. En imágenes, es muy precisa; los avances son notorios. Pero falta algo clave: la confianza. La IA no va a reemplazar la confianza humana, el paciente que se sienta frente a un médico, en el ambiente cerrado de un consultorio. Somos humanos, funcionamos en grupo: los grupos de recuperación, de depresión, de adicción, de las muertes de seres muy queridos… La confianza no puede verse reemplazada”, concluyó.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
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