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El fútbol, más allá de su faceta competitiva y táctica, encierra una arquitectura neurobiológica que explica por qué el grito de un gol resulta terapéutico para el ser humano. Según el médico cardiólogo Daniel López Rosetti, este fenómeno no es solo una expresión cultural, sino una respuesta necesaria para el equilibrio psíquico y físico de las personas. Recientemente, el especialista desglosó la diferencia entre la alegría del momento, definida como una emoción primaria, y el sentimiento de felicidad que se deriva de ella, además de analizar cómo el cerebro procesa un instante de euforia colectiva.
“Cuando hizo el gol, sentís alegría intensa. Por eso saltás, por eso esa alegría se vive emocionalmente. Pero las emociones, biológicamente, viven pocos minutos, segundos o minutos”, explicó López Rosetti al analizar el impacto del evento deportivo en Buen Telefe (Telefe). El médico precisó que la emoción inicial es fugaz, con una duración estimada de entre 60 y 180 segundos, pero su importancia radica en lo que sucede después. Tras esa descarga inicial, el proceso evolutivo transforma la emoción pasajera en algo mucho más profundo: el sentimiento. Es en ese estadío donde aparece la felicidad, un concepto que, a diferencia de la emoción, tiene el potencial de extenderse mucho más allá del tiempo que duró el festejo en el campo de juego.
Para el cardiólogo, esta distinción es clave para entender la salud mental. “No somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan”, enfatiza el profesional, quien subraya que el cuerpo humano reacciona ante la alegría con una mejoría integral en sus parámetros fisiológicos. Si un especialista midiera el electro, el contenido de oxígeno y otras variables clínicas de un paciente tras celebrar un gol, los resultados reflejarían un estado de bienestar óptimo. Esto ocurre porque, en ese instante, se activan neuronas encargadas de procesos positivos que funcionan por encima de aquellas que captan el dolor físico o psicológico.
En su interacción con la audiencia a través de sus plataformas digitales, López Rosetti reafirmó que exteriorizar la emoción es una práctica saludable. “¿Gritar un gol hace bien? Sí, no te quepa duda. Exteriorizar una emoción es bueno. Una emoción positiva, eso hace bien”, ratificó el especialista. La clave, según el médico, reside en la capacidad de convertir ese instante de alta carga energética en serenidad, entusiasmo y energía duradera. Este proceso de transformación beneficia directamente al organismo al reducir la carga de estrés y fomentar un estado de bienestar que contribuye a una mejor calidad de vida cotidiana.

La ciencia respalda esta visión al integrar la psicología, la neurología y la inmunología en una misma lectura del comportamiento humano ante el deporte. Los mecanismos activados al celebrar un gol actúan como un escudo contra las tensiones diarias, lo que permite que el individuo recupere su centro emocional. Mientras el estrés crónico suele inflamarnos y desgastarnos, las emociones positivas actúan en sentido contrario, ya que activan mecanismos de reparación y equilibrio.
Al compartir esa alegría, los individuos no solo disfrutan del espectáculo deportivo, sino que participan de una experiencia que refuerza su estabilidad emocional, lo que demuestra que la felicidad, como la describe López Rosetti, es un sentimiento que puede sostenerse más allá de la brevedad del estímulo original. El grito contenido, por lo tanto, es una herramienta biológica eficaz para la salud mental.




