Gabriel Rolón: “A una pelea difícil se entra con mucha facilidad y se sale con mucha dificultad”
En su habitual columna para Perros de la calle (Urbana Play), el especialista reflexionó sobre las asperezas en los vínculos y sorprendió a todos
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En el complejo universo de los vínculos humanos, pocas situaciones resultan tan engañosas como una discusión acalorada. Para el psicólogo y escritor Gabriel Rolón, la dinámica de los conflictos representa una trampa de tiempos desproporcionados: “A una pelea difícil se entra con mucha facilidad y se sale con mucha dificultad”. Entrar es apenas un impulso; salir, en cambio, implica lidiar con las consecuencias de lo dicho.
En su columna de Perros de la Calle (Urbana Play), el experto comentó que existe una creencia popular que sostiene que, bajo los efectos de la ira, finalmente “decimos lo que realmente pensamos”. A raíz de esto es desmitificó esta idea de forma tajante: “Mentira. Cuando uno está enojado, no dice lo que piensa; dice cualquier barbaridad para lastimar”.
Según el especialista, el enojo no funciona como un suero de la verdad, sino como un proyector de frustraciones ajenas. En el calor de la batalla, las personas utilizan al otro como un depósito donde vuelcan malestares que no tienen relación con el interlocutor actual, sino con deudas emocionales que involucran a terceros.
El foco de la reflexión de Rolón reside en la naturaleza irreversible del lenguaje. “El ser humano es dueño de sus palabras cuando las calla, pero esclavo de ellas cuando las pronuncia“, lanzó.
“Si vos ya lo dijiste, no lo podés deshacer. Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice cuando se está enojado, porque esas palabras no pueden volver”, advirtió el licenciado.
El peligro de la reconciliación apresurada es la idea de que el perdón borra el registro de lo sucedido. Aunque el otro comprende que se trata de un momento de tensión, la herida emocional persiste. Por eso, salir de esa pelea es tan difícil: el retorno al estado previo de armonía queda bloqueado por el eco de lo que ya no se puede retirar.
La propuesta de Rolón es la apuesta por el silencio preventivo, por lo que sugirió retomar el diálogo más tarde, con la capacidad de decir: “Me quedé pensando en algo y te lo quiero decir”. Al final, la inteligencia emocional no consiste en evitar el enojo, sino la esclavitud de un impulso que destruyó lo que se quiso proteger.












