Nick Epley, experto en comportamiento: “No conectar con extraños es perder la oportunidad de enriquecernos”
El psicólogo analiza por qué evitamos el contacto social en espacios públicos; sostiene que nuestras suposiciones sobre el rechazo ajeno suelen ser erróneas
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Vivimos rodeados de personas, pero las pantallas y los auriculares actúan como murallas que limitan nuestra capacidad de construir vínculos sociales. Nick Epley, reconocido experto en comportamiento humano, advierte que la tendencia a ignorar a quienes nos rodean nos priva de oportunidades para enriquecer nuestra vida.
Cómo iniciar el contacto con extraños, según el experto entrevistado por Andrew Huberman
Entrevistado por el neurocientífico Andrew Huberman en su pódcast, Epley destaca que la mayoría de los individuos asume de manera errónea que los extraños no desean conversar. Este sesgo pesimista genera barreras innecesarias que, a menudo, no poseen la solidez del acero, sino la fragilidad de un fideo de pasta. Y lo que dejamos en el camino es muy significativo. “Perder la oportunidad de conectar con extraños es perder la oportunidad de enriquecer nuestra vida diaria“, señala.
Epley, profesor en la Universidad de Chicago, señala que el uso constante de dispositivos móviles en espacios públicos incrementa este aislamiento. “Los ojos hacia abajo en una pequeña pantalla representan una coraza más difícil de romper”, afirma. El experto explica que la sociedad moderna considera descortés interrumpir a alguien que utiliza su teléfono. Sin embargo, este comportamiento oculta una realidad distinta: muchos individuos se encuentran disponibles para entablar una charla si alguien toma la iniciativa de forma amable.
“No creo que ninguno de nosotros se sienta realmente cómodo interrumpiendo a alguien que está enviando mensajes o en una llamada. Lo considerarías de mala educación, descortés. De la misma manera que no me acercaría sin más e interrumpiría", dice Epley.
Para ilustrar esta teoría, el experto relata un encuentro personal ocurrido en una estación de tren. Un hombre con aspecto severo se subió a los auriculares, una señal que cualquiera interpretaría como una negativa rotunda a interactuar.
Lejos de dejarse llevar por esa apariencia, el psicólogo decidió probar su hipótesis. “Hola, soy Nick”, dijo. El resultado fue inmediato: el desconocido, un francés llamado Thibaut, cambió su actitud por completo, sonrió y ambos iniciaron una amistad que perduró años. Este episodio demuestra que las señales sociales suelen ser ambiguas y que solo mediante una prueba directa es posible verificar la disposición real del otro.
Epley señala que “el problema que al menos encontramos una y otra vez en nuestras vidas sociales es que con demasiada frecuencia inferimos inmediatamente”.
“Tenemos expectativas demasiado pesimistas sobre cómo responderán otras personas cuando lo intentamos, y simplemente perdemos oportunidades de conectar con otras personas que podríamos haber tenido a lo largo de los momentos de nuestros días, semanas, meses, años de nuestras vidas”, reflexiona el psicólogo. “Simplemente enriquecemos nuestras vidas de muchas maneras”.

Pensar en el contacto como una invitación
La estrategia recomendada consiste en abordar el contacto como una invitación. Epley propone retirar la presión sobre el interlocutor, presentándose de manera abierta y sin exigir una respuesta inmediata. Si el otro prefiere mantener sus auriculares, el usuario simplemente respeta ese espacio. Del mismo modo, en grupos sociales donde ya existe una dinámica, el experto sugiere un acercamiento cauto: “Lo siento, no sé si interrumpo algo crítico, pero si es así, me quedaré justo aquí”, expresa como ejemplo de cortesía efectiva.
El fenómeno de la desconexión se transforma ante la aparición de espacios comunes diseñados para el encuentro. Eventos como conferencias, festivales, grupos de oración en las ciudades modernas facilitan la interacción espontánea. Epley sostiene que el reciente aumento en la participación en estas actividades responde a una necesidad humana profunda de compartir valores y establecer lazos.

Cinco maneras concretas de iniciar el contacto con extraños
- Utiliza la frase más poderosa: La forma más sencilla y efectiva de romper el hielo es presentarse directamente diciendo: “Hola, soy [tu nombre]”. Esta simple acción puede “encender” la disposición de la otra persona para interactuar, incluso si parecía distante inicialmente.
- Adopta una mentalidad de “invitación”: No veas el acercamiento como una demanda de atención, sino como una invitación u oferta de conexión que la otra persona es libre de aceptar o no. Al verlo como una oportunidad ofrecida, se reduce la presión sobre ambas partes.
- Pon a prueba tus suposiciones: A menudo interpretamos señales como el uso de auriculares o estar mirando el teléfono como indicadores definitivos de que alguien no quiere hablar, pero estas señales suelen ser ambiguas. Debes tratar tus creencias sobre los demás como “apuestas” que podrían estar equivocadas y estar dispuesto a probar si esas barreras son realmente de “acero” o simplemente “fideos de pasta”.
- Supera el pesimismo social: Existe una tendencia a tener expectativas excesivamente pesimistas sobre cómo responderán los demás ante un intento de charla. Las fuentes indican que, al probar estas interacciones, solemos descubrir que las personas son mucho más amigables y están más dispuestas a conectar de lo que imaginamos.
- Busca entornos propicios: Es más fácil conectar en reuniones comunes o eventos donde exista un impulso natural hacia la interacción, como festivales, conferencias, servicios religiosos o incluso sesiones de sauna grupales con ejercicios de respiración. En estos espacios, la gente suele estar más abierta a interactuar con extraños debido a valores compartidos o al propósito del evento.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.
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