La reconocida bailarina, actriz, coreógrafa y conductora nos habla también del vínculo con sus hijos y de los cambios que hizo “para vivir mejor”
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La mano abierta de Fátima, el antiguo amuleto con el que las culturas musulmanas, judías y bereberes alejan las energías negativas, cuelga en la puerta de entrada de la casa de Reina Reech (68). “Como soy muy esponja, cuido mucho mis espacios y mi ambiente”, explica ella no bien uno entra en su refugio, de ambientes amplios y cálidos. Desde hace algún tiempo, uno de los lugares preferidos de su casa es ese que tiene un ventanal que le permite ver a Tata, su perra de 12 años, tomando sol al lado de la pileta. En esa habitación, rodeada por objetos cargados de simbolismo de diferentes culturas –como flores de la vida, pentáculos y llaves de la vida– y estantes con libros que reúnen el conocimiento que heredó de su padre, el bailarín, coreógrafo y escritor Alejandro Maurín, se instaló con la computadora y empezó a escribir. Primero, en 2021, lanzó Reconexión espiritual, un libro donde plasmó lo que aprendió sobre la Cábala y la sabiduría andina. Los últimos capítulos del nuevo libro que está escribiendo –una novela que busca reivindicar a las mujeres sagradas– la encuentran haciendo malabares entre un viaje a Portugal, los festejos del 30° aniversario de sus tres escuelas de danza y el nacimiento, en febrero, de 28 Timoteo, su último nieto.
–¿Cómo te pegó ser abuela?
–¡Amo! Ser abuela es una de las cosas que más disfruto. Me tocó compartir el primer parto de Juana porque ella había decidido tener a su bebé sola [Toribio, 10, nació a través de un tratamiento de reproducción asistida]. Después vino Belisario (5). En febrero de este año, como el ex marido de Juana no estaba en la Argentina, entré a la cesárea con la que tuvo a Timoteo, su último bebé. Fue casi un regalo de cumpleaños [Reina cumple el 19 de febrero]. Cuando Juana viene con los chicos, no les pongo pantallas ni les doy el celular… eso sería como si no me visitaran. Soy una abuela a la que le gusta jugar, pintar y compartir actividades.


–¿Cómo está hoy tu relación con Juana? Cada tanto, en las redes dicen que ustedes se pelean y se arreglan…
–Puro invento. Con Juana y Bauti tenemos personalidades diferentes, y lo que nos une a los tres es el amor incondicional. Como Juana comparte cosas de su vida y de la crianza en su cuenta de Instagram, muchos inventan historias. Hace poco armaron un escandalete: dijeron que Juana se había enojado porque Nicolás [Repetto, ex marido de Reina y padre de Juana] había subido una foto de Timoteo antes de que ella lo presentara oficialmente. Nada que ver. Con Juana, siempre tuvimos buena relación, que mejoró aún más desde que ella se convirtió en mamá. Antes, si yo le decía “Llevá un saquito, que hace frío”, podía responderme “No te metas; soy grande”, típico de adolescentes. Ahora, que tiene tres hijos, se da cuenta de que las madres siempre decimos esas cosas. Ella está encantada de que yo, como abuela, respete la crianza que ella eligió para sus hijos. Juana no sólo optó por el juego libre, sino también por la alimentación autorregulada [BLW, Baby-Led Weaning alienta los bebés para que ingieran alimentos sólidos en vez de papillas]. Cuando mis nietos vienen a casa, yo podría esperarlos con chocolates, pero tengo arándanos y frutillas. Hoy, suelo tener helado para ellos; pero no se los ofrezco así nomás: antes, la miro a Juana y, basta con que ella me haga un gesto, que les doy.

–Un gesto que resume todo.
–Yo siempre fui muy idishe mame. Cuando nacieron mis hijos, dejé de hacer teatro por muchísimos años de noche y traté de crear trabajos que me permitieran estar con ellos. Con Juana, armé Reina en colores [lo emitía ATC, entre 1993 y 1995] y, cuando nació Bauti, hice Generación Pop [por El Trece, en 2003]. Cuando yo era chica, mi mamá [la vedette, actriz y bailarina Ámbar La Fox] se iba al teatro desde las 7 de la tarde. Sentí carencia de familia. Como con otros temas, eso lo revisé en terapia y con biodecodificación; una tiene que revisar continuamente su vida. Lo cierto es que traté de no repetir mi historia. Entonces, con mis hijos tengo hoy un vínculo precioso. Ellos me cuidan muchísimo. Me animaron, por ejemplo, para que me operara de la cadera; yo no me animaba. Al bailar toda mi vida con tanta exigencia, terminé lastimándome. Bauti y Juana veían que el dolor me estaba desestabilizando. Entonces, ellos me decían: “No podés estar caminando así; sos joven”.

–¿Te afecta la edad?
–Para nada. Y ahora, que ya no tengo “cara de sufrimiento”, voy a hacer un viaje de cuarenta días por Portugal, donde viven mi hijo Bautista y su mujer Delfina [Villagra]. Además de recorrer Lisboa y la zona de Algarve, visitaré la capilla del Señor de la Piedra y el santuario del Buen Jesús del Monte, entre otros sitios. Y, después, voy a ir a las Canarias.

–¡Estás para volver a empezar!
–En este momento, estoy sólo para lo que tengo ganas. En la pandemia, hice un gran cambio. No sólo escribí Reconexión espiritual, mi primer libro, sino que descubrí que me encanta quedarme en casa. Juana y Bauti dicen que me quedé empandemiada. [Se ríe]. Medito a diario; y, antes de dormir, respiro… Estoy para hacer lo que me dé plenitud y felicidad. Ahí pongo la energía. Por ejemplo, una de las cosas que hice fue cambiar mi alimentación. Lo llamé a Marcelo [Suárez], un ex novio, que es médico y dicta talleres con Juana, y le pedí que me armara un plan de alimentación para este momento de mi vida. Hay un montón de cosas que las podemos regular con la alimentación; en especial, el tema energético. Dejé el azúcar, las harinas de manera estricta. Cuando me propongo algo, soy prusiana. Me reeduqué. Antes, creíamos que lo más importante era hacer aeróbico, pero, a esta edad, la clave es levantar peso. Y, como una cosa lleva a la otra, descarté recipientes de plástico y utensilios con teflón, compré vajilla enlozada y tablas de acero inoxidable. Ni siquiera me planteé si me agobiaba o no encarar estos cambios. Soy una convencida de que hay que desafiar el cuerpo para mejorar. ¡Me gusta desafiarme! Y cada día sigo aprendiendo cosas para mejorar mi calidad de vida.



–Con tus parejas, ¿has sido así de exigente?
–Soy estricta y determinada con muchas cosas que propongo, pero no con las parejas. Mis parejas han sido bastante diferentes entre sí. Conocí a mi primer marido [Joaquín Reichenbach; la primera parte de su apellido sirvió de inspiración para el “Reech”] a mis 16 años; cuando yo tenía 19, nos fuimos a vivir a España. En esos años, que vivíamos en Madrid y viajábamos muchísimo, fui muy Susanita. Fui Su sanita también con Nicolás [Repetto]. En cambio, con Pablo [Lena], el papá de Bauti, no me quedaba tiempo para ser muy Susanita: hacía Reina en colores, donde era la productora, la coreógrafa, la actriz… ¡No me quedaba mucho tiempo! Me encanta cocinar y lo hago muy bien. Con todas mis parejas, la cocina ha sido un arma de seducción.
–¿En serio?
–Sí… una de ellas. ¡Hago de todo! Es que, para mí, lo creativo es sencillo: así como soy creativa para una coreografía, soy creativa con una receta: abro la heladera e invento. Mi abuela Juana, la mamá de mamá, fue quien me enseñó a cocinar. Yo me crie con ella mientras mis padres estuvieron separados. Después, viví con mi madre y su marido [el pianista y director de orquesta Bubby Lavecchia]. Cuando quiero conquistar, hago unas recetas riquísimas. El tema es que, después, me aburro. [Se ríe].
–¿Y qué otra?
–Seducía de manera inconsciente. A veces, años atrás, me vestía de manera muy provocativa. “¿Eh, ¿qué miras?”, decía yo. “¿Cómo que qué mirás? Si estás un fuego”, me respondían. [Se ríe]. La verdad, no me daba cuenta.
–¿Estás sola ahora?
–Sí, hace bastante. Te digo algo: si conociera a alguien que me tirara onda, estaría abierta a enamorarme. Creo en las relaciones y creo también que, si en tu destino está encontrarte con alguien, lo vas a encontrar. El tema es que, en este último tiempo, no se me ha cruzado ninguna persona que me guste como para crear un vínculo. En este momento, querría a alguien que estuviera en mi misma frecuencia. No quiero un trasnochado. Entonces, mientras tanto, estoy enfocándome en mí.
Maquillaje y peinado: Joaquina Espínola @joaquinamakeupartist

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