El hermano del rey Carlos y su ex mujer vuelven al foco de la atención
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La caída en desgracia del príncipe Andrés (65) parece no tener fin. Nuevas pruebas vinculadas al caso Epstein –uno de los escándalos más resonantes de los que han rozado a la Corona británica en los últimos tiempos– lo vuelven a poner en el foco: en primer lugar, la filtración de varios correos electrónicos publicados en medios de Reino Unido que evidencian que, contrariamente a lo que él afirmaba, el segundo hijo varón de la reina Isabel II había seguido en contacto con el financista norteamericano Jeffrey Epstein después de que este fuera condenado por tráfico sexual de menores; y, en segundo lugar, la publicación de las memorias póstumas de Virginia Giuffre, una mujer que acusó al príncipe de abuso sexual (Epstein apareció muerto en la cárcel mientras esperaba el juicio y Giuffre, por su parte, se suicidó en abril). De allí que, para mitigar de alguna manera más daños en su imagen y aplacar una nueva oleada de escándalos, el Palacio de Buckingham anunció que Andrés ya no utilizará sus títulos nobiliarios ni sus honores, incluyendo el de duque de York. La contundente decisión, consensuada con el rey Carlos III, se dio a conocer el 17 de octubre a través de un comunicado: “Tras hablarlo con el Rey y mi familia más cercana y lejana, hemos concluido que las continuas acusaciones sobre mí distraen del trabajo a Su Majestad y la familia real. He decidido, como siempre he hecho, anteponer mi deber con mi familia y mi país. Me mantengo firme en mi decisión de hace cinco años de dar un paso atrás en la vida pública”, se lee en el texto atribuido a Andrés.

EFECTO DOMINÓ
Aunque seguirá siendo príncipe, ya no recibirá tratamiento de Alteza Real. Y no sólo dejará de ser caballero de la Orden de la Jarretera, que es la más prestigiosa del Reino Unido y a la que pertenece desde 2006, sino que dejará de ser llamado “duque de York”, un título de gran peso simbólico para la familia real. Cuando, en 1986, Andrés se casó con Sarah Ferguson, la reina Isabel II le otorgó este prestigioso título a su hijo y a su nuera. Y aquí, un efecto colateral de la decisión tomada el 17 de octubre: Sarah Ferguson tampoco podrá ser llamada “duquesa de York”, un título que siguió usando incluso después de divorciarse, en 1996. Para la ex mujer del príncipe, el escenario tampoco es de los mejores: la prensa publicó los emails que Fergie le mandó a Epstein y que revelan el vínculo cercano que también ella tenía con el financista. Las consecuencias no tardaron en llegar. Según los expertos en realeza, la decisión de Buckingham podría implicar el fin de la carrera de Fergie como escritora (es autora de más de treinta libros de diferentes géneros, desde literatura infantil hasta ficción histórica). En las últimas semanas, al menos seis organizaciones han prescindido de su trabajo, incluyendo el Ayuntamiento de York. Los más pesimistas pronostican que, quizás, la publicación de su próximo libro infantil podría postergarse de manera indefinida. Y más: aventuran que Ferguson podría quedar cancelada por la industria editorial.


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