Con los días definitivamente más cortos, buscamos las claves de eso que nos hace sentir a gusto en casa
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Así como se guarda la ropa de verano y se pone al frente y ordenada la ropa de abrigo, el manual dice que este es el momento de poner las alfombras guardadas en la baulera y cambiar las fundas de los sillones. Pero pasan dos cosas: no son costumbres que se mantengan tanto y, sobre todo, hay mucho más por hacer.
El auténtico clima
Antes que pensar en textiles abrigados (que bienvenidísimos, por supuesto) tal vez sea mejor pensar en la luz, que tanto nos impacta emocionalmente y es lo que más se extraña en estos meses.

“Lo peor que podemos hacer es crear luz estática, desde un único punto, sin posibilidad de cambiar su potencia. (En la vida real, afuera, la luz cambia permanentemente, con cada minuto que pasa, o con una pequeña nube que se cruza). Hay que hacer que la iluminación “funcione” todo el día, también cuando está nublado u oscurece temprano“, nos advirtió el ingeniero y diseñador de iluminación Lance Hollman, del estudio alemán Jack Be Nimble, para empezar a hablar de confort lumínico.

En ese sentido, en estos meses se valoran particularmente los puntos de luz bajos, y en muchísimos casos, inalámbricos y móviles, como si se tratara de la versión moderna de las velas.

Un living o un dormitorio donde se puso una manta mullida y luz ambiental tiene grandes chances de ser usado largo, tendido y con gusto. Es el fin último de todos los ambientes.
Fuego al fin
Todo un lujo tener una chimenea en casa, porque el fuego es hipnótico y convocante. No cabe duda de que, ante la imposibilidad de tener una, en estos días más que nunca rondan fantasías de una salamandra o un fogonero.

Con frente de hormigón encofrado, el modelo que pensó Fuseo es limpio y práctico: bocas elevadas y un leñero del tamaño justo. (Ya que estamos, si les interesa ver 15 ejemplos de chimeneas que transmiten confort, click acá).

“En Noruega existe un concepto o sensación que llamamos hygge [lo acogedor y cálido], en el que la chimenea y las velas son algo central. No diría que todo el mundo, pero sí que mucha gente tiene acceso a una cabaña familiar donde ir en invierno (la mayoría viejas, sin agua ni electricidad), que permiten un contacto profundo con la naturaleza. Después de una caminata, entrás y encendés la chimenea: eso, que está como inscripto en nuestra cultura, es el hygge. Y en la ciudad se reitera esa costrumbre de tirarte en el sofá con una manta y unas velas. Es algo muy real para nosotros", nos dijo el arquitecto noruego Joakim Hoen, miembro de Studio Void, con una elocuencia que describe muy bien lo que sentimos acá en el sur también.
Las alfombras
¿Se siguen levantando las alfombras en verano y se vuelven a poner en invierno? Ahora que hay tantas con textura pero de apariencia fresca, no se escucha demasiado hablar de ese ritual. Pero sí es el momento para mandarlas a su lavado en seco anual, como recomiendan los expertos, para tenerlas lindas toda la temporada de frío.

Las alfombras pueden transformar instantáneamente un ambiente impersonal y frío en uno personal y acogedor. Si bien es una afirmación que puede sonar vaga y subjetiva, hay algo absolutamente cierto en que colaboran a mantener el calor de los ambientes.

“En casas con pisos duros como la madera y el cemento, las alfombras abosorben el sonido y reducen la reverberancia, lo que se traduce en espacios más silenciosos y calmos”, nos dijo Fernando Bach, creador de Elementos Argentinos.


La función primera de los tapices era mitigar el frío de los espacios. Pero el auge del tufting y la posibilidad relativamente accesible de tener modelos personalizados puso en tendencia colgar alfombras de las paredes.
Soñar
Elegimos algunos dormitorios coloridos, por si se presentan las ganas y la ocasión de hacer un cambio, aunque más no sea con nuevas fundas de almohadón o un pie de cama.

Se suele asociar la idea de la nueva funda de almohadón o el cubrecamas calentito con tonos oscuros. Pero muchas veces lo que se busca, sobre una base firme, es luz y alegría.


Como respaldo de cama, Cecilia eligió un antiguo panel de la isla de Java que tenía guardado esperando el momento de instalarlo. “En mi cuarto me siento contenida. El valor afectivo de los objetos, el ambiente, la vista: todo me hace feliz”.
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