La segunda edición del festival de bienestar más grande del país se realizará el 24 y 25 de octubre en el Hipódromo de Palermo y es organizado por LA NACION
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El sábado 1° de noviembre de 2025, antes de que abrieran las puertas del Hipódromo de Palermo, ya había dos cuadras de fila en Libertador y Dorrego. Adentro, 8000 personas iban a pasar el fin de semana practicando yoga, meditando, bailando, respirando y escuchando a algunos de los referentes más importantes del bienestar en el país.
Fue la primera edición del Bienestar Fest, el festival organizado por LA NACION y OSDE, y superó todas las expectativas.

Ahora vuelve también de la mano de LA NACION y OSDE. El 24 y 25 de octubre, un espacio para hacer un paréntesis real en medio de la vorágine de la vida moderna. El evento también contará con un espacio para niños para que las familias puedan disfrutar de las actividades.
El domingo cerrará Dafne Schilling, la creadora de Intención en Movimiento quien promete una experiencia que invita a mover el cuerpo sin pensar, dejarse llevar, activar desde lo visceral.
Una de las novedades de esta edición es un nuevo espacio: la isla en movimiento con más propuestas

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Lo que dejó la primera edición
La propuesta surgió a partir de una necesidad: la de desconectar para volver a conectar, de bajar un cambio y explorar distintas disciplinas que apuntan al cuidado personal.
El resultado fue contundente: 8000 personas pasaron por el Hipódromo de Palermo y la mayoría se fue con una frase en la boca. “Se respiró bienestar”, resumió Candela, una joven de 25 años de San Isidro que había llegado para conocer el taichí y terminó participando de una experiencia de hipnosis para atraer abundancia. Esa frase capturó mejor que cualquier descripción el espíritu del encuentro.

Más que un festival
Lo que distingue al Bienestar Fest de cualquier otra propuesta es que es un mapa de posibilidades: un espacio donde cada asistente construye su propio recorrido según lo que necesita, lo que le da curiosidad o simplemente lo que le llama la atención en ese momento.
En su primera edición, esa arquitectura se materializó en cuatro espacios diferenciados que convivían sin superponerse dentro de la enorme pista central del hipódromo.
El Escenario Principal Flux
Fue el corazón del movimiento: clases multitudinarias, propuestas que convocaban a soltar el cuerpo, a bailar y a soltar.
El Espacio Inspiración
Funcionó como el polo emocional del festival, con charlas de especialistas de primer nivel que abordaban desde neurociencia hasta nutrición, desde el sueño hasta la resistencia al cambio.
La Zona Chill
Fue el lugar de quienes buscaban algo más íntimo: meditaciones, baños de sonido, reflexología, y una musicalización continua que creaba el clima perfecto para detenerse.
La isla Zen
Accesible cruzando un puente desde la Zona Chill, ofrecía taichí, chi kung y sesiones de pausa consciente bajo el sol de noviembre. Y cada jornada cerró con música en vivo: Zoe Gotusso el sábado, Yami Safdie el domingo.
Islas Megatlon
Además durante la edición del año pasado fueron furor las dos islas by Megatlon en las que los profesores dieron clases de de glute trainning, e-funcional, cardio hiit, combat, pilates, stretching, taichí y yoga. A estas experiencias de entrenamiento se sumaron otras de relajación y recuperación, en las que los asistentes disfrutaron de actividades pensadas para todos los niveles y edades.

La magia de OSDE
Otra de las sorpresas fueron las propuestas de OSDE para que los asistentes puedan disfrutar de un festival a su ritmo. Hubo: clases de Stretching con ejercicios de activación y elongación para volver al eje, un espacio OSDE con pausas conscientes con meditación guiada con auriculares y hasta la posibilidad de tener una base 360 para llevarte tu video-recuerdo.

Por otro lado, las prácticas de RCP invitaban a acercarse a aprender maniobras que salvan vidas y el espacio Chill con puffs y torre de carga para el celu, ideal para descansar entre actividades.

Cada rincón del predio tenía su propio tempo, su propia lógica, su propia manera de invitar a detenerse. En un contexto donde la sobreestimulación es la norma, resultó ser una propuesta radical.
La nueva edición del Bienestar Fest promete un fin de semana distinto y entrega algo más cercano a una revelación cotidiana: la constatación de que hay maneras de estar mejor y que muchas de ellas son accesibles, incluso divertidas.
El bienestar como conversación cultural
El Bienestar Fest llegó en un momento preciso. En los últimos años, el bienestar dejó de ser un nicho para convertirse en un estilo de vida de millones de personas: el yoga, la meditación, el mindfulness, la respiración consciente y la neurociencia aplicada al día a día dejaron de ser prácticas de minorías y se instalaron en la conversación cotidiana.
Buenos Aires resultó ser un terreno especialmente fértil para ese cambio. Las redes sociales lo reflejan con claridad: las rutinas de autocuidado, los rituales de mañana, los hábitos que cambian vidas acumulan millones de visualizaciones. Hay una búsqueda genuina, extendida, que excede la moda.

Lo que hizo el Bienestar Fest fue reunir toda esa conversación dispersa en un solo lugar, con criterio editorial y vocación de calidad. No cualquier propuesta entra al festival: hay una curaduría que busca que cada actividad tenga sustento, sea genuina y de calidad. El resultado fue un encuentro con profundidad.
Más allá de las actividades centrales, el festival desplegó una serie de espacios que ampliaron la experiencia en todas las direcciones. OSDE dictó cursos de RCP; hubo charlas sobre bienestar laboral y financiero; y el espacio Ohlalá! Astral convocó a quienes quisieron consultar sobre su carta natal o animarse a una lectura de tarot. Afuera del predio principal, un mercado boutique reunió marcas y productos alineados con el espíritu del evento, y un patio gastronómico ofreció propuestas saludables para reponer energías entre actividad y actividad.
Octubre en el hipódromo
La segunda edición tiene algo que la primera no podía tener: el antecedente. Quienes fueron en 2025 ya saben lo que les espera, quienes no pudieron ir y se quedaron con las ganas tienen ahora su oportunidad; y quienes todavía no conocen el festival tienen el testimonio de 8000 personas que lo vivieron, que salieron del hipódromo sintiéndose distintos y que desde entonces esperan que vuelva.

El 24 y 25 de octubre, el Hipódromo de Palermo volverá a ser el lugar donde Buenos Aires hace una pausa. Donde la gente llega en un estado y luego se va en otro. Un festival que no se trata de consumir contenido sino de vivirlo: de entrar en una clase sin conocer la disciplina y salir queriendo saber más, de quedarse después de una charla para seguir la conversación, de descubrir que el bienestar no es un destino sino una práctica que se construye de a poco.
La programación de esta edición se irá confirmando en las próximas semanas. Mientras tanto, la cita ya está anotada.
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