A cuatro años de la tragedia del avión sanitario en Tierra del Fuego, la madre de Denise Torres pide que se haga el juicio oral
A la víctima la llamaban “la enfermera solidaria”; murió en Río Grande junto a los dos pilotos de la aeronave; hay seis imputados, pero la causa está estancada, sin fecha para el inicio del debate
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Denise Torres García no era solo una enfermera de 30 años cumpliendo un turno en un vuelo sanitario; era una joven que había aprendido a transformar el dolor en una vocación de servicio inquebrantable.
Su vida estaba llena de proyectos, música y un compromiso social que la llevaba cada semana a las calles de la Villa 31, de Retiro, pero todo ese universo de sueños se detuvo abruptamente una tarde de invierno en Tierra del Fuego.
El viernes 1 de julio de 2022, hace hoy cuatro años, el destino y la negligencia se cruzaron en la pista del Aeropuerto Internacional de Río Grande. Denise viajaba a bordo de un Learjet 35A de la empresa Flying América, contratado por la firma ADER/MD FLY.
El avión acababa de cumplir con éxito el traslado de un bebé y sus padres desde Buenos Aires; la familia se había bajado apenas unos minutos antes. Sin embargo, a las 14.17, al intentar el despegue de regreso, la aeronave no logró ganar altura, se precipitó a tierra y explotó en una bola de fuego. Junto a Denise murieron el médico pediatra Diego Ciolfi y los pilotos Claudio Canelo y Héctor Vittore.

Aquel impacto no fue un accidente fortuito. Los peritajes posteriores de la Junta de Seguridad en el Transporte (JST) revelaron que al sistema de mandos le faltaba un locking clip, un pequeño clip de bloqueo esencial que había sido retirado durante tareas de mantenimiento años atrás y nunca fue reinstalado. Sin ese seguro, los comandos dejaron de responder en el momento crítico. Como resume a LA NACION la madre de Denise, Mónica Ferrara, “no fue un accidente, porque pudo haberse evitado”.
Para entender la magnitud de la pérdida hay que reconstruir quién era Denise. Su vida había tenido un punto de quiebre a los 19 años, cuando su novio murió en un incidente de auto. Ese trauma, lejos de paralizarla, la impulsó a reconstruirse a través de la ayuda a los demás.
Aunque había comenzado la carrera de Medicina con un promedio brillante, decidió pasarse a la Licenciatura en Enfermería para poder equilibrar sus estudios con su militancia social y sus pasiones: jugaba al hockey, al fútbol, tocaba el piano, la guitarra y cantaba. Incluso ya había comenzado a escribir varias canciones propias.

Denise era una trabajadora incansable que había enfrentado la pandemia en el Sanatorio Finochietto sin pedir un solo día de licencia, a pesar del agotamiento extremo. La habían bautizado “La enfermera solidaria”.
Sin embargo, su gran anhelo profesional era ingresar al Hospital Garrahan. El lunes siguiente a la tragedia aérea tenía el examen de ingreso; de hecho, entre los restos del avión, entre las cenizas y el metal retorcido, aparecieron sus apuntes. Se los había llevado para estudiar durante las esperas en el aeropuerto
La lucha contra la impunidad
A cuatro años de la tragedia, Mónica Ferrara encabeza una batalla legal que describe como “un camino de espinas”.
La causa penal, radicada en el Juzgado Federal de Río Grande, a cargo de la jueza Mariel Borruto y con intervención del fiscal Marcelo Rappaport, lleva el número de expediente FCR 10517/2022. Esa investigación logró el procesamiento de seis personas por el delito de “desastre aéreo culposo agravado", previsto en los artículos 45 y 196 del Código Penal, “por el fallecimiento de las cuatro personas a bordo”. La medida incluye a técnicos y supervisores del taller aeronáutico Air Delta. Se les imputa no haber detectado la falta del clip de bloqueo ni cumplir con los protocolos de seguridad básicos.

Los imputados son Rubén Oscar Barboza, Dino Gastón Sánchez y Daniel Hilario Samuel Jablonski, responsables directos de las tareas de mantenimiento en las que se omitió colocar el clip, y Javier Gustavo Galera, Miguel Alberto Velárdez y Adrián Leonardo Echeverría, personal técnico y de supervisión que no detectó el error ni cumplió con los procedimientos de seguridad.
Según consta en el expediente al que accedió LA NACION, el tribunal consideró acreditado que existió una actuación negligente e imprudente en la ejecución y supervisión de las tareas de mantenimiento, incumpliendo procedimientos básicos de seguridad operacional.
A pesar de que el juez ordenó embargos por 100 millones de pesos para cada imputado, la causa está estancada a la espera de que la Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia confirme los procesamientos para poder fijar una fecha de juicio oral.
Para la familia, cada día de demora alimenta la sensación de injusticia. “Que esto no avance nos impide hacer el duelo en paz”, lamenta la madre de Denise.
En la misma sentencia se dictó el sobreseimiento de los propietarios de la aeronave y de las empresas Flying America S.A. y Air Delta S.R.L. como personas jurídicas, al considerar que la responsabilidad penal debe enfocarse en la cadena técnica de mecánicos y supervisores que no garantizaron la aeronavegabilidad de la máquina.
Fernando Ibarra, abogado de la familia de Denise, detalló a LA NACION: “En la actualidad el expediente se encuentra en una etapa de revisión en la Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia, luego de que las defensas apelaran la resolución. Si este tribunal confirma los procesamientos, el expediente regresará a Tierra del Fuego para ser elevado a juicio oral, que se desarrollaría en la ciudad de Ushuaia”.
Respecto de la investigación técnica, el letrado destaca que fue un proceso exhaustivo y complejo que incluyó peritajes en los motores, el combustible y las habilitaciones de la aeronave, requiriendo incluso el envío de información a los Estados Unidos.

En caso de ser declarados culpables en el juicio, la ley establece una pena máxima de hasta cinco años de prisión para los responsables.
Mónica denuncia, además, la “indiferencia absoluta” de los empresarios vinculados a la contratación tercerizada de su hija. Reclamó a la Justicia, en una demanda civil paralela a la investigación penal, que la empresa que contrató a su hija pague lo que le correspondía cobrar a Denise por el viaje trágico.
Mónica describe un sistema de aviación sanitario que, según ella, prioriza el negocio sobre la seguridad: “Ella pensó que los aviones sanitarios iban a salvar vidas... pero si no ponías la plata, no movían el avión”, reflexiona hoy, recordando cómo su hija empezaba a desencantarse del ambiente laboral poco antes de morir.
Acompañada por su hijo Lucas, sus nietos y los amigos de Denise —quienes forman una red de sostén indispensable—, Mónica asegura que no bajará los brazos. Tuvo que renunciar a su propio trabajo por la presión y el desgaste emocional, pero su norte sigue siendo el mismo.
“No busco dinero. Lo que quiero es un castigo ejemplificador que evite que otros padres pasen por lo mismo que me toca a mí. A pesar del desgaste que me llevó a renunciar a mi trabajo por la presión, me mantengo de pie gracias al apoyo de mi hijo Lucas, mis nietos y los amigos de Denise, que forman una red de sostén indispensable”, comparte Mónica.
Su único objetivo es honrar la memoria de su hija y lograr que los responsables paguen por la desidia que terminó con una vida llena de sueños. “Sé que nadie me devolverá la vida de mi hija. No tengo un peso, no tengo contactos ni influencias, pero tengo un coraje que me permite asegurar que hasta el último día de mi vida voy a luchar para que Denise tenga justicia”, cierra, entre sollozos.
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