Eduardo López advirtió en LN+ sobre el riesgo de contagio en ambientes cerrados; explicó que el aislamiento del barco es una medida clave
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El brote de hantavirus en un crucero que partió desde la Argentina encendió las alertas sanitarias no solo por la cantidad de casos, sino por el riesgo de propagación en un entorno cerrado. En ese contexto, el infectólogo Eduardo López explicó por qué, ante un escenario como este, la cuarentena del barco es una medida inmediata y necesaria.
“El barco inicialmente tiene que ponerse en cuarentena e idealmente evacuar a todo individuo sospechoso. Eso es lo primero”, sostuvo el especialista en diálogo con LN+, al referirse a la situación que atraviesa la embarcación donde ya se registraron al menos tres muertes.

Riesgo de contagio en espacios cerrados
López advirtió que, si bien el hantavirus se transmite principalmente a través del contacto con secreciones de roedores infectados, también puede haber contagio entre personas en determinadas condiciones. “Puede darse la transmisión persona a persona en ambientes cerrados o contactos estrechos, especialmente por la variante Andes”, explicó.
Ese punto resulta clave en un crucero, donde los pasajeros conviven en espacios comunes como comedores, camarotes y áreas recreativas. “Cuando los ambientes son cerrados o cuando se convive con el individuo, tiene una alta transmisibilidad”, señaló.

Por qué la cuarentena es clave
Para el especialista, el aislamiento del barco no solo busca contener posibles contagios entre pasajeros, sino también evitar que el virus se propague hacia tierra firme. “Tiene que estar en cuarentena porque este es un virus que tiene la chance de transmitirse de persona a persona”, remarcó.
Además, advirtió sobre otro factor de riesgo: la posible presencia de superficies contaminadas. “Puede haber áreas donde los roedores hayan depositado su materia fecal o su orina. Cuando uno limpia, aeroliza el virus y ahí es como uno se infecta”, explicó.

Alta mortalidad y necesidad de atención intensiva
El infectólogo también hizo hincapié en la gravedad de la enfermedad. “Es un virus que tiene alta mortalidad, entre el 30 y el 38%”, indicó, y detalló que muchos pacientes requieren terapia intensiva y asistencia respiratoria mecánica.
En ese sentido, subrayó una de las principales limitaciones del escenario: “En un barco no se cuenta con unidades de terapia intensiva preparadas como en tierra”. Esto, según explicó, podría haber influido en la evolución de los casos fatales.
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