Venezuela: sin Maduro y sin democracia
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Tras el anuncio de la audaz captura y traslado a los Estados Unidos del dictador Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, el presidente Donald Trump impulsó a la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez como presidenta interina. Su ascenso no ha significado una ruptura con el pasado, sino una reconfiguración estratégica del mismo poder, bajo nuevas condiciones que se pretenden disfrazar de transición democrática.
Su fuerza, como la de Maduro, se sostiene sobre el fraude, la intimidación y la violencia. La continuidad de un régimen ilegítimo, ahora respaldado también por la fuerza militar estadounidense, se prolonga.
La propia estructura de poder sigue dominada por actores del antiguo régimen y los movimientos recientes dentro de las fuerzas armadas, los cambios de gabinete y medidas como la amnistía o liberación de algunos presos políticos y la anulación de sus causas no oculta la vigencia de un sistema de justicia y de una institucionalidad que es abiertamente afín al chavismo y que responde a cuestionables órdenes políticas. Todo indica que solo se trataría de aliviar tensiones, no de desmontar el perverso modelo.
En la oposición democrática venezolana, muchos esperaban que la destitución de Maduro condujera al traspaso del poder a Edmundo González Urrutia, legítimo ganador de las elecciones presidenciales de julio de 2024. Sin embargo, basta recordar que, al ser interrogado sobre las perspectivas de que la principal líder de la oposición, María Corina Machado, dirigiera ese cambio, Donald Trump la descartó de plano.
La sociedad venezolana, especialmente quienes conforman la oposición, enfrentan un dilema estructural: participar en una transición controlada por actores externos que promueven un chavismo dudosamente renovado o resistirse a legitimar un proceso que no ofrece garantías plenas.
Delcy Rodríguez acumula ya más de 100 días como presidenta interina de Venezuela. Su gobierno no da señales de querer avanzar hacia cambios que la alejen de una variación del madurismo sin Maduro, a pesar de los crecientes reclamos de la oposición, que pide que se celebren elecciones libres para designar una autoridad legítima que conduzca la transición democrática.
Venezuela sigue en un limbo: el viejo régimen no ha desaparecido por lo que difícilmente pueda asomar un nuevo orden.
Los venezolanos reclaman la restitución de sus derechos políticos y la realización de elecciones lo antes posible. Tal como afirmó María Corina Machado, “el respaldo popular es la única base sólida para reconstruir las instituciones nacionales”.






