Ser y parecer, un mandato imposible para Adorni
Javier Milei decidió encerrarse en una costosa paradoja: sus notables armas de comunicador político se han quedado sin municiones en su defensa del vocero que llegó a imaginarse su sucesor.
Manuel Adorni no supo ni pudo defenderse por sí mismo. Y el crédito político que le prestó su jefe tiene un costo tan grande que cualquier banquero lo hubiese pasado directamente a pérdida.
El presente está envenenado por datos recientes que recuerdan la velocidad con la que fueron cesanteados decenas de funcionarios por situaciones menos comprometidas o errores menores. Es lo que agiganta la pregunta todavía sin respuesta: ¿Qué obliga a Milei a dejar a su lado a Adorni? No entregarle su cabeza a la oposición dejó hace semanas de ser una razón suficiente.
Parado en una altura que nunca tuvo pero que creyó tener, Adorni se derrumbó cuando debió explicar lo inexplicable a partir de los elevados parámetros morales que le había enrostrado a los demás
La extensa colección de errores autoinfligidos de la administración libertaria tiene en el caso Adorni su pieza más destacada de manera indiscutible. Milei lleva adelante un notable intento de transformación económica en el país y lo borronea con torpezas que ralentizan esos cambios que la Argentina votó dos veces en tres años.
Cuesta encontrar una situación comprometida de un funcionario, entre las muchas sospechas (y más que sospechas) de corrupción de otros tantos gobiernos, en las que el apuntado haya cometido torpezas para defenderse como Adorni.
Un delito es un delito, ya se sabe. Y quien roba un millón no tiene menos condena que quien roba mil millones. Eso se sabe, y la diferencia se aprecia con mucha mayor claridad entre los argentinos que vieron cómo el kirchnerismo y antes el menemismo hicieron una política permanente del cobro de coimas, negociados y otra infinidad de delitos contra los fondos públicos y en la recaudación dolosa a proveedores y contratistas del Estado.
Esta misma semana, los abogados que defienden a los acusados de los cuadernos de las coimas, causa emblemática del ciclo kirchnerista, pretendieron acorralar a preguntas a Diego Cabot, el periodista que desnudó en LA NACION esa trama de sistemática recolección de coimas entre empresas constructoras. A Cabot intentaron interrogarlo como si fuese un criminal en una nueva demostración que el mundo del revés tiene en la Argentina su capital mundial.
Adorni pensó de verdad que podía aspirar al lugar que Milei consiguió al cabo del mayor y más rápido crecimiento autosostenido de un presidente argentino
El contraste con los fondos que no puede explicar Adorni es más que evidente. Pero en nada justifica ni hace perdonable a este arribista aterrizado desde el anonimato en el cargo de jefe de la administración pública nacional.
Adorni era un tuitero llamativo, posteador de ironías en pocas palabras que sintonizó con Milei y su hermana Karina. Fue ella la que primero despreció, luego congeló y luego expulsó al secretario de Medios Eduardo Serenellini y quitó la dependencia en principio formal que tenía el vocero Adorni de esa estructura.
No es usual que los voceros presidenciales escalen más allá de esa posición. Basta recordar que el único que pasó por esa función desde 1983 hasta ahora y dejó un gran recuerdo fue José Ignacio López, el valiente y admirable periodista que en 1979 le preguntó y repreguntó a Jorge Rafael Videla por la situación de los desaparecidos.
Un tema grave con una cuota de ridículo se convierte en un asunto explosivo que colabora con el descontento que reflejan las encuestas desde que terminó el verano
Adorni fue la excepción, a tono con la épica libertaria de exagerar lo que elija celebrar. Fue elevado al rango de jefe de Gabinete luego de haber sido elegido por Karina como primer candidato a legislador porteño, como un escalón previo a una hipotética postulación a jefe de Gobierno.
El político clásico y experimentado que es Guillermo Francos fue desalojado de su cargo para poner en su lugar al incondicional Adorni. Para entonces, la broma de decir que esperaba ser candidato presidencial en 2031 (luego de un eventual segundo mandato consecutivo de Milei) había dejado de ser una humorada en X.
Adorni pensó de verdad que podía aspirar al lugar que Milei consiguió al cabo del mayor y más rápido crecimiento autosostenido de un presidente argentino. Milei hace posible que otros crean que se puede repetir la experiencia; en política se empieza por confiar en sí mismo y atreverse a lo que parece imposible.
Parado en una altura que nunca tuvo pero que creyó tener, Adorni se derrumbó cuando debió explicar lo inexplicable a partir de los elevados parámetros morales que le había enrostrado a los demás. Por eso fue frágil cuando hace dos meses se enredó en su soberbia para explicar por qué había llevado a su esposa en la comitiva presidencial a la gira que terminó en Nueva York con Argentina Week.
Nada mejor para alimentar y hacer notorio una anomalía que una palabra o una frase que penetre en todas las conversaciones cotidianas de la gente común. “Vengo una semana a deslomarme acá”, dijo Adorni. La oposición no esperaba tanto de un experto en comunicación del oficialismo.
Desde entonces, Adorni y sus explicaciones como el elenco con el que interactuó para comprar casa y departamento aportaron todos los condimentos necesarios para que el caso nunca saliera de la agenda pública y, peor, del interés ciudadano que empieza en la intención de informarse y termina en el cotilleo de los chismes y los personajes pintorescos.
La escribana Adriana Nechevenko hizo en este último sentido un enorme aporte con su aparición en los medios y las redes sociales. Y la filtración judicial de la declaración del contratista Matias Tabar con el detalle de los arreglos en la casa en un barrio cerrado agregaron elementos que escapan a la gravedad del asunto en sí y lo pintan de un interés que la calle convierte en memes, chistes y ocurrencias.
Una curiosidad: es el mundo en el que Adorni se destacó allá lejos hasta despertar el interés de Milei para el armado de un equipo improvisado en muchas áreas del gobierno.
Un tema grave con una cuota de ridículo se convierte en un asunto explosivo que colabora con el descontento que reflejan las encuestas desde que terminó el verano. La economía seguirá siendo la madre de todas las batallas, pero el interés por los casos de corrupción siempre será un tema tan complementario como importante. Para colmo, alguien le hizo decir a Milei, el 1° de marzo, al abrir las sesiones ordinarias del Congreso, un discurso titulado “La moral como política de Estado”.
El paso del propio Adorni por el Congreso, la semana pasada, no despejó las dudas sobre aquello de lo que todavía se espera una aclaración. Estuvo más de seis horas y nunca dijo lo principal: cómo hizo para gastar de sus ingresos como funcionario público más de 800 mil dólares en viajes y compras y refacciones de un departamento y una casa.
Patricia Bullrich apuró el miércoles a quien era su adversario en la ciudad de Buenos Aires para que dijera de una vez lo que tiene para defenderse. ¿Imagina Bullrich, al igual que la oposición, que Adorni no tiene ninguna carta salvadora? La senadora, que nunca ocultó que tiene sus propias ambiciones, se ganó el inmediato enojo de los hermanos Milei.
El Presidente volvió a defenderlo desde los Estados Unidos y asumió un papel de vocero y de jefe al mismo tiempo para defender al vocero que dejó de actuar como tal.
El viejo mandato romano de “ser y parecer”, de tiempos imperiales tan admirados por los libertarios, no aplica en estos casos. Adorni nunca fue lo que creyó ser y está lejos de poder parecer lo que alguna vez proclamó con la soberbia de los que suben rápido y se emborrachan con las alturas del poder.





