Cana, tira, botón: el origen de las palabras que usa el lunfardo para nombrar a la policía
Los inmigrantes trajeron consigo al río de la Plata una serie de términos que se mezclaron con el lenguaje local para dar como resultado una jerga que le dio un nuevo nombre a todo, incluso a los agentes de la ley
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La gran inmigración europea que llegó a la Argentina a fines del siglo XIX y comienzos del XX trajo consigo, además de conmovedoras historias de vida y sueños por cumplir, múltiples idiomas y dialectos.
Las palabras o expresiones de los recién llegados se fundieron con otras que ya existían en este rincón del mundo. Así nació un nuevo argot, que tomó forma definitiva en el puerto, en los patios de los conventillos o en las fábricas, al calor de conversaciones, romances o peleas.

El lunfardo fue, en un principio, una jerga carcelaria y del hampa. Los delincuentes lo usaban para que los guardias no entendieran sus conversaciones. Pero lo que comenzó como un código secreto de ladrones se extendió gracias a un factor clave: el tango.
En ese sentido, una de las definiciones que da la Real Academia Española a la palabra lunfardo (o lunfa) es “delincuente”.
Se estima que el lunfardo cuenta con un total de seis mil términos. Algunos son de uso diario: “pibe”, “guita”, “laburo”... Pero, por supuesto, esta jerga que nació entre delincuentes, en las cárceles y comisarías, acuñó distintos términos para llamar (casi siempre con todo despectivo) a la policía.
Quizá el término más repetido es “cana”, que se utiliza para referir al agente de policía, a la institución policial y también a la prisión. De allí “ir en cana” o “caer en cana”. Una de las definiciones más precisas sobre su origen señala que proviene del término francés canne, que significa bastón. Es una obvia referencia al bastón policial o tonfa que llevan los uniformados en su cintura.
José Gobello, escritor y un notable investigador del lunfardo, ve el origen de esta palabra en el verbo italiano incatenare, que quiere decir encadenar. O bien del dialecto veneciano que nombra al mismo verbo con el vocablo incaenar. De modo que “la cana” como prisión o “el cana” como policía, surgirían de aquel primitivo verbo que se tradujo como “encanar".

Más claro es el origen de “botón”, que se utiliza de modo despectivo. Por que es, además, término que identifica al delator, o buchón, o alcahuete. Incluso de allí deriva el verbo botonear como sinónimo de realizar una delación.
Según los estudiosos del lunfardo, el vínculo entre la policía y estos elementos para prender la ropa tiene que ver con que los uniformados, a fines del siglo XIX, utilizaban en sus vestimentas oficiales grandes y vistosos botones. De allí pasó a identificarse al botón con el vigilante.

Hay una versión que circula en las redes pero que, pese a ser muy atractiva, no tiene fuentes confiables que la respalden. Es la que dice que este término comenzó a utilizarse durante la Revolución del Parque, de 1890. Fue cuando los rebeldes se enfrentaban a balazos a las fuerzas policiales. En medio del entrevero, de confusión, gritos y pólvora, los rebeldes se decían entre ellos: “¡Tirale a los botones!“, en referencia a la chaqueta de los efectivos. Así se habría asociado el término con los agentes policiales.
Otra de las formas en las que se suele llamar a la policía en lengua lunfarda, muy instalada en la cultura juvenil y en los cánticos futboleros, es “yuta”. La versión más extendida señala que este vocablo viene del italiano, más certeramente, de la palabra giusta, que refiere a la justicia a lo justo en aquel idioma. De allí se derivó a yusta y luego el término evolucionó hasta la actual yuta. Otras teorías indican que la palabra surge de yunta, término que refiere al par de animales. En este caso, la yuta se originaría en la costumbre de los vigilantes de hacer sus rondas en pareja.
Uno de los recursos más fascinantes que tiene el lunfardo es el de poner las palabras al revés. O al vesre. Ahí aparece “cobani”, que es una forma muy arrabalera de dar vuelta la palabra abanico. En este caso, refiere al manojo de llaves que llevaban colgando de su cinturón los guardiacárceles que se desplegaba en forma de abanico. De los guardias penitenciarios pasó luego a los efectivos policiales en general.
Otra término que tiene el lunfardo para referir al policía es “rati”, que resulta de dar vuelta la palabra tira, que refiere a los galones que marcan el rango de los efectivos.
La mayoría de los términos mencionados escapan al control regulador de la Real Academia Española. Tan solo aparecen cana, como una definición “coloquial” en la Argentina, aunque también de Chile, Uruguay y Bolivia en su acepción de cárcel. Para botón solo ofrece la aceptación delator.
El resto, permanecen en ese limbo difuso que se llama lenguaje popular o peor, lenguaje vulgar. Pero desde allí, desde los márgenes de la lengua oficial, permanecen vigentes. Y vigilantes.
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