Las PASO, bajo la lupa: la elección que nació para ordenar la política: “Todo se resuelve adentro de un cuarto”
Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias debutaron en 2011 y desde entonces funcionaron como interna, filtro y termómetro electoral
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“Todo se resuelve adentro de un cuarto y todo se decide con el dedo de uno, o de dos, o de tres”, dijo la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner en octubre de 2009, cuando presentó la reforma política que daría origen a las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias). La iniciativa buscaba ordenar la selección de candidatos, abrir la competencia interna de los partidos y diferenciarse del régimen anterior de internas abiertas, derogado en 2006, al que la entonces presidenta cuestionaba por no ser obligatorio ni vinculante para todas las fuerzas. Sin embargo, desde su debut nacional, en 2011, las primarias tuvieron usos diversos: definieron algunas internas, funcionaron como filtro electoral y también fueron interpretadas como una gran encuesta antes de la elección general.
“Que ya nadie hable de candidatos designados a dedo”
El proyecto llegó al Congreso pocos meses después de las elecciones legislativas de 2009, en las que el oficialismo sufrió una derrota importante en distritos clave, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde Francisco de Narváez, candidato de Unión PRO, se impuso sobre Néstor Kirchner, del Frente para la Victoria. Pero la discusión iba más allá de aquella coyuntura electoral. La reforma se presentó como una respuesta a problemas que venían acumulándose en el sistema político: la fragmentación partidaria, la proliferación de alianzas electorales y la falta de reglas comunes para la selección de candidaturas.
La reforma buscaba intervenir sobre ese desorden. La ley 26.571, sancionada el 2 de diciembre de 2009 y promulgada parcialmente nueve días después, creó las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias para cargos nacionales. Su nombre formal era mucho más ambicioso: Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral. La norma surgió de un proyecto enviado por el Poder Ejecutivo y modificó el modo en que los partidos debían seleccionar sus candidatos.

En el acto de presentación, Cristina Kirchner resumió ese objetivo: “Que ya nadie pueda decir que hay dirigentes designados a dedo, candidatos designados a dedo, listas cerradas en las cuales no pueden participar”
El nuevo mecanismo se explicaba a partir de tres rasgos: serían abiertas, simultáneas y obligatorias. Eran abiertas porque no votaban solo los afiliados de cada partido, sino todos los ciudadanos habilitados en el padrón. Eran simultáneas porque todas las agrupaciones debían realizar sus primarias el mismo día. Y eran obligatorias porque el voto era exigido al electorado habilitado, incluso en aquellos casos en los que una fuerza presentara una sola lista.
Sin embargo, ese último punto sería, con los años, uno de los más discutidos. Para sus defensores, la obligatoriedad le daba legitimidad al proceso y evitaba que la selección de candidatos quedara reservada a militantes o estructuras partidarias. Para sus críticos, en cambio, obligaba a la ciudadanía a participar de una instancia que muchas veces no definía candidaturas puertas adentro.
El debut
El 14 de agosto de 2011, millones de argentinos entraron por primera vez al cuarto oscuro para votar en unas PASO nacionales. Ese día se votaron precandidatos a presidente, vicepresidente, diputados y senadores nacionales, en una instancia que desde entonces quedó incorporada al calendario electoral.
En la categoría presidencial participaron diez agrupaciones, pero no todas llegaron a la elección general de octubre. La ley establecía que para competir en la elección definitiva cada fuerza debía superar el 1,5% de los votos válidamente emitidos en su categoría. Ese filtro dejó afuera a tres espacios y redujo la oferta presidencial de octubre a siete fórmulas.
El debut mostró una característica que acompañaría al sistema desde entonces. Las PASO habían sido creadas para ordenar y abrir la selección de candidaturas, pero en la competencia presidencial varias fuerzas llegaron con fórmula única, sin disputa interna dentro de sus espacios. Fue el caso de Cristina Fernández de Kirchner-Amado Boudou, Ricardo Alfonsín-Javier González Fraga, Eduardo Duhalde-Mario Das Neves, Hermes Binner-Norma Morandini, Alberto Rodríguez Saá-José María Vernet, Elisa Carrió-Adrián Pérez y Jorge Altamira-Christian Castillo.

Así, desde su primera experiencia, las PASO empezaron a cumplir más de una función. Fueron una instancia para seleccionar candidaturas, pero también un filtro legal para definir qué fuerzas podían llegar a la elección general y una primera medición nacional del clima político.
2015: la PASO que ordenó a la oposición
Cuatro años después de su debut, las PASO tuvieron uno de sus ejemplos más citados por quienes defienden el sistema. En 2015, la alianza Cambiemos, integrada por el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica, llegó a la primaria presidencial con tres precandidatos: Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió.
La competencia tenía una función política concreta: definir quién encabezaría el frente opositor sin romper la alianza. Macri ganó la interna y sus rivales reconocieron el resultado.
Esa noche, desde su búnker en Recoleta, Carrió sostuvo: “Yo perdí la elección, ganó Macri, pero Cambiemos está ganando la elección o está pareja con el Frente para la Victoria”.

Macri, convertido en el candidato presidencial del espacio, buscó darle a la interna un sentido más amplio: “Se consolida una alternativa para nuestra querida Argentina”, dijo esa noche. Y agregó: “Cambiemos es más que un acuerdo entre partidos. Es una nueva visión”.
El caso quedó como uno de los ejemplos más citados por quienes sostienen que las PASO pueden cumplir su objetivo original: permitir una competencia interna, resolverla con el voto ciudadano y unificar al espacio detrás del ganador. Pero, esa unidad tenía matices. Días antes de la primaria, Martín Lousteau, que venía de disputar el balotaje porteño contra el PRO, había marcado un límite. Dijo que en las PASO nacionales votaría a Ernesto Sanz, pero que si Sanz y Carrió perdían frente a Macri, en octubre votaría a Margarita Stolbizer. “Este es un espacio socialdemócrata y el PRO es un partido conservador”, explicó.

La frase dejaba al descubierto una tensión que las PASO podían ordenar, pero no borrar. Aun así, el mecanismo funcionó para Cambiemos. Meses después, esa coalición llegaría a la presidencia.
2019: cuando la primaria funcionó como una primera vuelta
Si 2015 quedó como el ejemplo de una PASO que ordenó una coalición, 2019 mostró otra cara del sistema. Esa vez, los dos principales frentes llegaron a la primaria presidencial con fórmulas únicas: el Frente de Todos presentó a Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner y Juntos por el Cambio llevó a Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto. No había, en esos espacios, una competencia interna que resolver. Pero el resultado tuvo un peso político importante.
El 11 de agosto de 2019, Alberto Fernández se impuso sobre Mauricio Macri por casi 16 puntos: 49,49% contra 33,55%, según el escrutinio definitivo. La diferencia, mucho más amplia de lo que anticipaban las encuestas, convirtió a una primaria que en teoría debía ordenar candidaturas en una primera medición nacional del poder de cada fuerza.

El impacto fue inmediato. Al día siguiente, el dólar subió, los bonos y las acciones argentinas cayeron y el resultado de una elección primaria alteró el clima económico y político de la campaña. Desde entonces, tomó más fuerza una crítica que ya venía de antes: cuando no hay internas reales, las PASO dejan de funcionar solo como una herramienta partidaria y se parecen cada vez más a una primera vuelta anticipada.
2023: las PASO que anticiparon a Milei
En 2023, las PASO tuvieron otro capítulo clave. La Libertad Avanza llegó con una sola fórmula, Javier Milei-Victoria Villarruel, por lo que no había una interna presidencial que resolver. Sin embargo, la primaria funcionó como un sismógrafo político: Milei quedó primero con el 29,86% de los votos, por encima de Juntos por el Cambio y Unión por la Patria, y mostró antes de la elección general la magnitud del voto libertario.

La paradoja es que esa misma herramienta que ayudó a medir su crecimiento electoral quedó luego en la mira de su propio gobierno. Dos años después, con Milei en la Casa Rosada, las PASO volvieron al centro de la escena. En marzo de 2025 fueron suspendidas para ese año electoral mediante la ley 27.783. Ahora, el Presidente avanza con una reforma más amplia para eliminarlas de manera definitiva. “Eliminamos las PASO: basta de obligar a los argentinos a pagar internas de la casta. Cambiamos el financiamiento: se termina la política viviendo de tu bolsillo”, escribió el mandatario, en abril de 2026, en su cuenta de X.
Desde su debut, las PASO cambiaron de sentido según cada elección. En 2015 ordenaron una coalición; en 2019 funcionaron como una primera vuelta anticipada; en 2023 mostraron la fuerza de Milei antes de la elección general. Nacieron para ordenar la política, pero terminaron generando su propia discusión.
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