El riesgo China para América Latina
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La desindustrialización prematura de América Latina, en curso desde hace cuatro décadas, ha sido un fenómeno ampliamente documentado. Se trata de la pérdida sostenida de participación de la industria en el PIB antes de que los países alcanzaran niveles de desarrollo avanzados. La apertura comercial antes de que las fábricas locales fueran competitivas a escala global, los déficits de infraestructura y la apreciación cambiaria son algunas de las causas señaladas. Más recientemente, el factor China se ha confirmado como un catalizador de este proceso.
El desafiante escenario regional se volvió aún más crítico en los últimos cinco años debido a la política del Estado chino, que ha incrementado los volúmenes exportados hacia todo el mundo mediante prácticas comerciales desleales. En América Latina, los productos chinos encuentran un acceso relativamente sencillo gracias a sistemas de defensa comercial poco efectivos, desplazando a industrias locales ya debilitadas.
El agravamiento de la situación coincide con un hito en la planificación estatal de la economía china: la elaboración, en 2020, del plan estratégico hacia 2035, cuyo punto de partida fue el 14.º Plan Quinquenal, hoy en su etapa final. El objetivo del gobierno chino para ese período de 15 años era alcanzar un “nuevo patrón” de crecimiento basado en el fortalecimiento del mercado interno y la creación de “empleos de calidad”, con la meta de elevar el ingreso per cápita a niveles de países moderadamente desarrollados. Para ello, fortalecer aún más su industria era un requisito central.
Como resultado, China ha consolidado su liderazgo global en la producción manufacturera. Según la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Unido, por sus siglas en inglés), la participación china en la producción manufacturera mundial pasó del 2,8% en 1990 al 32% en 2024, mientras que América Latina retrocedió del 9,2% al 5%. La Unido proyecta que China alcanzará el 45% en 2030.
En condiciones normales, los objetivos del 14.º Plan serían difíciles de sostener frente a la desaceleración económica china, que limita la demanda interna necesaria para mantener elevados niveles de producción industrial. Para evitarlo, el Estado chino intervino mediante subsidios y otros instrumentos que permitieron sostener artificialmente la producción. Esto garantiza competitividad a los productos chinos y facilita que el excedente no absorbido internamente se coloque en mercados externos. Tras la declaración oficial de éxito del 14.º Plan, se espera que el 15.º Plan Quinquenal, aprobado este mes, siga la misma dirección. Como consecuencia, el mundo continuará recibiendo grandes volúmenes de importaciones chinas, mientras la industria latinoamericana permanecerá bajo presión.
Ante el avance de las importaciones, mercados como Estados Unidos y la Unión Europea han reforzado sus mecanismos de defensa comercial. La reacción más contundente provino del gobierno de Donald Trump, que en 2025 llegó a imponer aranceles del 125% a productos chinos, luego reducidos tras negociaciones. En América Latina, México comenzó a reaccionar en 2023, elevando ese año los aranceles de importación —por ejemplo, al acero— del 25%.
En Brasil, el plan 2035 acelera la pérdida de participación de mercado de la industria frente a productos chinos. Esta situación preocupa a la Coalición Industria, entidad que reúne a 14 asociaciones que representan sectores equivalentes al 43% del PIB industrial brasileño y que tengo el honor de coordinar. En los sectores incluidos —acero, automotriz, maquinaria y equipos, plásticos transformados, electrónica, juguetes, calzado y textiles— las importaciones provenientes de China crecieron casi un 60% en dólares entre 2022 y 2025.
Frente al avance del plan 2035 y la continuidad de esta ola exportadora agresiva, la Coalición Industria de Brasil defiende el fortalecimiento de las herramientas de defensa comercial en los sectores afectados. Tras algunos semestres de reacción limitada, el gobierno brasileño aprobó medidas para industrias como la del acero y los bienes de capital. Desde julio se aplicaron siete medidas antidumping contra productos siderúrgicos chinos.
Sin embargo, la adopción de estas medidas se produjo en un contexto de acercamiento geopolítico entre Brasil y China, lo que resulta positivo, pero no elimina las preocupaciones. Si el alineamiento no se gestiona con criterio y atención a los riesgos, puede ocultar la asimetría existente entre ambos países en sus flujos comerciales y reducir la firmeza de las respuestas cuando resultan necesarias.
El avance del plan chino hacia 2035 vuelve imprescindible que no solo Brasil, sino todos los países de América Latina continúen defendiendo eficazmente sus industrias. Ningún país logra un crecimiento sostenido sin un sector industrial fuerte, capaz de invertir, generar empleo de calidad y promover la innovación. Ignorar el riesgo que representa China implica profundizar la desindustrialización prematura de la región y alejarla aún más del camino del desarrollo.
El autor es Presidente Ejecutivo del Instituto Aço Brasil y Coordinador de la Coalición Industria




