El presidente de Estados Unidos posee un vasto imperio inmobiliario, con clubes de golf, residenciales de lujo y rascacielos repartidos por todo el mundo
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Aunque no lo parezca, Donald Trump es un escritor de éxito. Es autor de una docena de libros, algunos de los cuales, como El Arte de la Negociación, se situaron en lo más alto de la lista de ventas. El presidente de Estados Unidos nunca ha dejado pasar un negocio por alto. Ha sido constructor, promotor inmobiliario, propietario de casinos, comentarista en un programa de televisión cuya audiencia disfrutaba verlo despidiendo empleados, e incluso intentó comprar un equipo de fútbol americano.
Pero, tras llegar a la Casa Blanca, ha preferido decantarse por otros activos más modernos e intangibles: las criptomonedas y los tokens con los que ha agrandado su inmensa fortuna, valorada en unos US$7.600 millones, según el Índice de millonarios de Bloomberg.
El corazón de su imperio empresarial está sustentado en dos pilares más o menos estables: ladrillos y su marca. Tiene docenas de complejos hoteleros de lujo en países de Oriente, donde ha multiplicado sus negocios desde que regresó a la Casa Blanca en enero de 2025. También ha multiplicado los contratos para construir campos de golf, residenciales de lujo y rascacielos en Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Qatar. Muchos de estos proyectos son propiedad de otros magnates, pero él cede su nombre como símbolo de lujo a cambio de una millonaria recompensa.

Todo el tinglado está bajo el paraguas de The Trump Organization, la clave de bóveda de su imperio que actualmente gestionan sus hijos Eric y Donald Jr. mediante un fideicomiso. “Al mantener sus activos en un fideicomiso familiar, que puede revocar en cualquier momento, Trump y su familia se encuentran en una posición privilegiada para beneficiarse directamente de su servicio público”, asegura el grupo de interés Open Secrets.
Bajo The Trump Organization, la familia del magnate agrupa decenas de activos inmobiliarios. Según la página web de la organización, cuenta con más de una docena de hoteles en Nueva York, Doonberg (Irlanda), Turnberry (Escocia), Omán, Vietnam y Maldivas, entre otros lugares. Junto a muchos de estos complejos turísticos, gestiona campos de golf. En total, el conglomerado asegura gestionar más de una veintena de estas instalaciones deportivas de carácter público y privado repartidas por medio mundo. Algunas no son de su propiedad, pero se encarga de la gestión.
Es propietario, también, de unos 40 rascacielos y edificios de lujo en medio mundo. Solamente en el área de Nueva York y New Jersey cuenta con 16 torres. También se pueden encontrar en Rumania, Filipinas, Turquía o Uruguay. Algunos de estos edificios tampoco son de su propiedad, Trump cede su nombre como signo de distinción. En estos inmuebles cuenta con espacios comerciales que alquila y con los que también obtiene jugosos rendimientos.
Su marca le brinda pingües beneficios. Cede su nombre para edificios y otros proyectos urbanísticos a cambio de una comisión, una práctica que ha suscitado críticas por las dudas sobre el negocio.

El holding explica que vende merchandising relacionado con el presidente y empresario. Se puede comprar un polo con su marca por US$80 o una gorra por US$36. Según la declaración financiera publicada este martes, el grupo ha ganado más de US$635 millones al acuñar monedas conmemorativas del mandato de Trump. También ha obtenido ingresos por casi US$5.000.000 por los relojes con la marca del presidente, o US$208.000 por las ventas de una biblia.
El grupo gestionado por Eric y Donald Jr. tiene una docena de nuevos proyectos inmobiliarios en marcha para ampliar su cartera en lugares como la India, Omán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar, Indonesia, Georgia y Rumania.
Aunque durante su primer mandato dejó claro que sus negocios se mantendrían alejados de la política y prometió que no firmaría nuevos contratos comerciales en el extranjero, tras su regreso a la Casa Blanca ha cambiado de opinión. Incluso ha expresado su malestar porque no le reconocieran sus esfuerzos durante su primera etapa en el cargo. “Entendí que no le importaba a nadie”, dijo en una entrevista en The New York Times.
“Ningún presidente moderno ha dado el salto tan directamente del mundo empresarial a la presidencia como Donald Trump. Y al hacerlo, Trump se ha negado a seguir el ejemplo de sus predecesores: romper los vínculos con las empresas o intereses financieros que pudieran representar o dar la apariencia de un conflicto de intereses”, remarca Open Secrets.

Este vasto imperio inmobiliario se ha visto reforzado por los vínculos con las monarquías del Golfo Pérsico. Trump comenzó su segundo mandato con una gira por Oriente con visitas a las casas reales de Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. El empresario neoyorquino conoce la región desde hace tiempo. Comenzó a hacer negocios en Emiratos Árabes a principio de siglo y poco a poco fue haciendo contactos con algunos de los promotores inmobiliarios y empresarios más destacados del Golfo.
Los hijos de Trump han ampliado el imperio con el salto al mundo de las criptomonedas. Justo antes de que el patriarca regresara a la Casa Blanca, crearon una empresa de criptomonedas, World Liberty Financial. Tras la gira de Trump por Oriente Próximo, los vástagos cerraron inversiones millonarias. Una empresa vinculada con las altas esferas de Abu Dabi utilizó la criptodivisa de los Trump para realizar una inversión de US$2000 millones en Binance, la plataforma de comercio de criptodivisas, lo que supuso un salto para la empresa.
Los descendientes han heredado la voracidad del padre para los negocios. Están expandiendo el imperio por Europa. Ivanka Trump, la hija favorita del presidente, y su esposo, Jared Kushner, que hace de intermediario y negociador en varias conversaciones de paz, han lanzado sus tentáculos sobre una exclusiva zona de Albania. Allí planean construir un lujoso complejo residencial y hotelero, pero la población se les ha puesto en contra.
Los hijos tampoco pierden oportunidad. Han invertido en una empresa minera justo antes de que la Administración estadounidense que preside su padre firmase un acuerdo con las autoridades de Kazajistán para permitir el acceso a uno de los mayores yacimientos de tungsteno del mundo, según publicó The New York Times hace una semana.
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