Antes de viajar a Europa, organizó una fiesta a puertas cerradas para treinta invitados especiales
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Cerca de las nueve de la noche del 3 de abril, Roberto Devorik se puso el traje que compró en Salzburgo, acomodó la corbata azul y se dispuso a esperar a sus amigos más cercanos. Muy puntual, la treintena de personas fue llegando al increíble departamento que tiene en el barrio de la Recoleta, donde el empresario y asesor de artistas internacionales organizó su cumpleaños número 74 (los cumplió el 4 de abril, pero, viajaba al exterior y decidió adelantarlo). “Como paso varios meses al año fuera del país, no siempre tengo la ocasión de celebrar. Este año todo se dio y, entonces, decidí festejarlo con la gente que quiero y que veo poco”, contó a ¡HOLA! Argentina. No hubo dress code: “Todos vinieron con su personalidad”, dijo. El gran ausente fue Pedro, su inseparable Jack Russell de once años, que se quedó en la casa de unos amigos para que no se estresara con tanto bullicio.



MÚSICA DE CUERDA Y REGALOS
Alegría y excelente conversación caracterizaron a esta reunión en la que Roberto reunió a sus más íntimos. Uno de los hitos de la velada fue la música, que tuvo el sello inconfundible del cumpleañero, conocido melómano, quien sorprendió a sus invitados con un concierto privado fuera de serie: durante media hora, Damián Roux y María Hadjadourian –violinistas del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón– ejecutaron obras de Ignace Pleyel (“6 dúos para dos violines opus 48″), de Johan S. Bach (”Preludio en mi mayor” y “Pequeña fuga a dos voces”), y de Béla Bartók (”Dúos Nos. 8, 9, 10, 14, 19 y 27″). Uno de los momentos más emotivos se vivió cuando los músicos tocaron dos de las composiciones favoritas de Devorik: la canzonetta “O Sole Mio” y el tango “Por una cabeza”.


Con estilo europeo, el menú que organizó Martina Estrada, de La Tinita, se llevó todos los aplausos: hubo dátiles con queso brie y almendras; bruschettas con pesto de tomates secos y jamón crudo; scones de salmón ahumado con rúcula y queso blanco y ciboulette; y sándwiches de pavita de lomito con figacitas de manteca con variedad de salsas, entre otras propuestas. ¿Regalos? “El mejor regalo son los afectos: los amigos son como familia”, puntualizó él. “Todo fluyó, y quienes vinieron, al día siguiente, me llamaron para decirme que se sintieron como si hubieran estado en un viaje. Yo, por mi parte, la pasé bomba”, resumió, feliz, Roberto Devorik, horas antes de viajar, otra vez, hacia Europa, donde pasará por Londres −su segundo hogar−, Venecia, Viena y Madrid.



Fotos: Tadeo Jones

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